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Cuando un partido político se equivoca por completo

En cierta forma creo que es así; ciertamente, siempre me he tomado a pecho algunos pasajes “The Simple Art of Murder”, un ensayo de Raymond Chandler, especialmente donde hace una distinción entre la importancia inherente de los temas y el grado en que son un buen tema para los escritores: “Si todos los factores son iguales, como nunca lo son, un tema más potente provocará un desempeño más fuerte. No obstante, se han escrito algunos libros muy aburridos sobre Dios, y otros muy buenos sobre cómo ganarse la vida y seguir siendo honesto”.
 
En este momento, si la importancia inherente fuera todo lo que importara, no estaría escribiendo sobre los efectos del crecimiento descontrolado, ni de la sucesión en la Reserva Federal, probablemente ni siquiera del problema de la pared de ladrillo de China. En cambio, todo el tiempo escribiría sobre el caos que se asoma en el gobierno de Estados Unidos.
 
En el corto plazo, el punto es que los líderes republicanos están por cosechar una tormenta, porque no han tenido el coraje de informar a su base política que la Ley de Servicio Médico Accesible, también conocida como “Obamacare”, llegó para quedarse; que la secuestración presupuestaria de hecho es intolerable, y que, en general, al menos por ahora, han perdido la guerra respecto a la forma de la sociedad estadounidense. Como resultado, esperamos muchos meses llenos de drama, con una alta probabilidad de paros de gobierno e incluso impago de deudas.
 
En el largo plazo, el punto es que uno de los dos partidos políticos importantes de Estados Unidos básicamente se ha equivocado por completo; haciendo a un lado el contenido político, un partido sano no retiene decenas de votos declarando su intención de repeler una ley que todo mundo sabe que se quedará en los libros pase lo que pase. Y puesto que ese partido sigue teniendo un muy importante poder de bloqueo, estamos viendo un país cada vez más ingobernable.
 
El problema es que es difícil, sin ser repetitivo, dar a este tema algo que se aproxime al monto de cobertura que se merece en el terreno sustancial . Por tanto, intento mezclar los temas.
 
Pero ni usted ni yo deberíamos olvidar que la locura del Partido Republicano es la cuestión central de nuestro tiempo.
 
Está bien
 
Greg Sargent, un comentarista de The Washington Post, señaló recientemente cómo el senador Marco Rubio está intentando redefinir la naturaleza del chantaje presupuestal, declarando que no es que los republicanos estén amenazando con parar al gobierno a menos que el Presidente Obama quite financiamiento a la reforma al sistema de salud; la cuestión es que el Sr. Obama está amenazando con parar al gobierno a menos que pueda implementar la ley.
 
No, en verdad. Según Rubio: “Creo que la cuestión real es: ¿Barack Obama está dispuesto a parar el gobierno por el Obamacare? En esencia, pienso que deberíamos pagar a nuestro Ejército. Creo que deberíamos dar fondos al gobierno. Simplemente no creo que debamos financiar el Obamacare. Y lo que el presidente está diciendo es que o financiamos el Obamacare o no financiamos nada. Y creo que es una posición no razonable. Y esa es la posición que han tomado él y los demócratas”.
 
Entonces, ¿dónde lo he escuchado antes? En el discurso de Abraham Lincoln en Cooper Union, en 1860, cuando dijo que intereses esclavistas declararon que romperían con la Unión si los norteños votaban por un republicano, lo que hubiera hecho que la secesión fuera culpa de … las fuerzas anti esclavitud: “Está bien. Un salteador de caminos me pone una pistola en la oreja y habla entre dientes ‘Pare y entregue todo, o lo mataré, ¡y entonces usted será un asesino!’”
 
El viejo Abe hubiera reconocido a los republicanos actuales, y probablemente lo hubiera entristecido que el equivalente moderno de la gente contra la que peleó lleve el nombre, aunque nada del espíritu, de su partido.