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¿Así es como nos arriesgamos a desatar una guerra comercial?

¿Qué pensamiento económico sustenta los aranceles que el presidente Trump anunció recientemente? Ninguno en absoluto. De hecho, los economistas (“¿economistas”?) a los que el presidente escucha actualmente parecen creer que su trabajo consiste meramente en confirmar la sabiduría de cualquier cosa que decida hacer.

Por ejemplo, Peter Navarro, el asesor de comercio de Trump, recientemente dijo a Bloomberg: “Mi función, en realidad, es la de un economista que trata de proveer los análisis subyacentes que confirman su intuición. Y su intuición siempre está bien en estos temas”.

Traducción: el Sr. Navarro considera que su función es la de un propagandista y no una fuente independiente de asesoría.

Sin embargo, el resto de nosotros no tiene que aceptar la idea de que el “querido líder” es infalible. De hecho, estos aranceles se han considerado de manera extraña y deficiente incluso si lo que uno quiere hacer es crear empleos en la industria manufacturera, olvidándose de todas las demás ramificaciones.

¿Por qué? Porque el acero y el aluminio no son productos finales; nadie consume acero directamente. En cambio, son bienes intermedios, que en esencia se utilizan como componentes de otros sectores de manufactura en Estados Unidos. Aunque los aranceles que aumentan los precios de los metales primarios pueden aumentar la producción de dichos metales, hacen que el resto de la industria manufacturera estadounidense sea menos competitiva.

Los economistas del comercio solían hablar mucho de este tema. En los tiempos en los que los países más desarrollados estaban tratando de promover la manufactura con aranceles y cuotas de importación, solíamos hablar de “protección efectiva”, que dependía de toda la estructura de los aranceles. Algunas veces, las tasas efectivas de protección eran muy elevadas: si imponías, por ejemplo, un arancel modesto a los automóviles, pero ninguno a las autopartes de importación, la tasa efectiva de protección del ensamblaje de automóviles podría fácilmente superar el cien por ciento. Sin embargo, en ocasiones las tasas eran negativas: si ponías un arancel a las autopartes, pero no a

los automóviles, en realidad estabas desalentando su ensamblaje.

Sin duda, podríamos aplicar este tipo de análisis a los aranceles de Trump. De hecho, hay gente por ahí que trata de agregarle cifras al plan, aunque yo no les daría mucho peso, debido a las razones que se aclararán a continuación.

Lo que quiero, básicamente para saciar mi propia curiosidad analítica, es esbozar a grandes rasgos cómo debería funcionar esta historia en este caso. Para efectos de este artículo, voy a tratar a Estados Unidos como una pequeña economía abierta que enfrenta precios mundiales prestablecidos; eso no es del todo cierto, pero no creo que el argumento cambie de manera importante si soy más realista.

Así que vamos a suponer que ponemos un arancel a la importación de acero. Esto hace que aumente el precio que la industria siderúrgica puede cobrar, y debería conducir a un aumento en la producción de acero. Sin embargo, otros fabricantes usan el acero, como los productores de automóviles, y sus costos aumentan cuando los precios del acero lo hacen, lo cual revierte la curva de la oferta y reduce su producción.

Entonces, ¿cuál es el efecto neto de la producción de la industria manufacturera y sus empleos? No es evidente, porque todo depende de los detalles. ¿Qué tan sensibles son la producción y los empleos siderúrgicos a los precios? ¿Qué tan sensibles son la producción y el empleo en otros sectores a los costos? La gente está tratando de calcular todo esto, pero yo no confiaría mucho en estas estimaciones, simplemente porque estas son preguntas difíciles de resolver. Además, hay otras complicaciones una vez que, por ejemplo, se tienen en cuenta los posibles efectos en el tipo de cambio.

A pesar de ello, el punto clave es que incluso aunque parezca que Trump es proteccionista, está imponiendo una protección negativa a buena parte de la industria manufacturera. Esta dista de ser la noticia que él quiere que la gente escuche, y muy seguramente lo hace por accidente, por pura ignorancia (porque sus “asesores” no se dedican, fíjense, a dar consejos).

¿Y así es como nos arriesgamos a desatar una guerra comercial?