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No hay innovación sin cultura del cambio

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Hace menos de dos semanas que tuve la oportunidad de participar en el International Economic Forum of The Americas, que reunió a más de 1.400 líderes y expertos de todo el mundo. En concreto, intervine en una mesa dedicada a la innovación y el emprendimiento. Y ya les adelanto la conclusión de ese debate y el objeto de este artículo: lo más importante dentro de cualquier organización, en plena sociedad de la innovación, siguen siendo las personas.

Está claro que son las empresas las que deben pilotar esos procesos que trasladen la innovación del ámbito de la investigación a la vida real. Una responsabilidad en la que las organizaciones se juegan su futuro, pues la innovación es requisito indispensable para el crecimiento empresarial y el desarrollo económico.

Pero apostar por la innovación no basta. Todos conocemos proyectos innovadores que han acabado generando frustración en unos empleados que desconocen que rol van a desempeñar en el nuevo escenario. Y cuando hablamos de procesos de transformación digital sabemos que ese riesgo es cierto y real. Evitarlo y controlarlo impedirá que la empresa se resienta.

Para ello, hay que lograr la máxima implicación del capital humano; contar con el talento y el compromiso de directivos, empleados y colaboradores. Tenemos que situar a las personas en el centro de la estrategia. Y es que el verdadero potencial de innovación de una empresa se mide por su capacidad para resolver problemas complejos de forma colaborativa, aprovechando todas las experiencias y el conocimiento que se origina dentro de la organización.

El mejor antídoto frente al individualismo e hiperliderazgo, que atrofiará la capacidad de innovación de la empresa en su conjunto, es la cultura del cambio. Una empresa es un todo, y no la suma de departamentos. A partir de ahí, hay que desarrollar un método holístico en que la función que desempeña cada persona adquiera sentido en la medida que interactúa con el resto. Hablamos de la capacidad de movilizar todo el personal, generando una ilusión compartida.

La fortaleza de esa cultura interna será el mejor indicador de la capacidad de innovación de la compañía. Existen evidencias. Según el estudio de CEB ‘Best Practice Insights and Technology’, si se intenta impulsar la innovación a través de los líderes, alcanzará solo 40% de la empresa, pero si se hace a través de un modelo de personas influyentes, impactará sobre 90% de organización.

Por tanto, desarrollar una cultura interna que fomente que los empleados desarrollen y compartan ideas es el primer paso para hacer de la innovación una ventaja competitiva frente a otros operadores del mercado y una herramienta que ayudará a generar un mayor valor añadido frente al usuario final. El éxito de una empresa empieza desde dentro; situando la comunicación interna en el centro de la compañía. Así conseguiremos hacer de cada una de las personas que forman parte de la empresa un auténtico motor de innovación. Y es que alimentar esa cultura del cambio es la mejor garantía de éxito en un proceso innovador.

Esa es una de las conclusiones del aprendizaje que supone llevar más de 30 años al frente de una consultora como Atrevia, que ha hecho de la innovación en comunicación su seña de identidad. En estas tres décadas ayudando a muchas empresas a superar sus retos, hemos comprobado que de nada sirve llegar primero a la meta si no nos acompañan todos los que están en la organización. Como se sabe, solo se avanza más rápido, pero juntos se llega más lejos.

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