Analistas

Alianza del Pacífico ¿semilla de unión?

He tenido la oportunidad de asistir a la XI Cumbre de la Alianza del Pacífico, en Puerto Varas (Chile), y me han impresionado los avances de este bloque regional de integración, probablemente la más dinámica y abierta de las iniciativas que persiguen la unión de Latam. Proyectos de integración hay y ha habido muchos. Junto a la Alianza (México, Perú, Chile y Colombia, con Panamá y Costa Rica de observadores desde la fundación), coexisten organizaciones como Aladi, Mercosur, Celac, Unasur…, pero creo que la primera reúne los requisitos para lograr que el germen de la unidad prospere.

En la cumbre me ha llamado la atención la gran ilusión de los participantes en el proyecto, hasta el punto de que me pregunto si las fotos de las cumbres de la Alianza, surgida en 2012, no se estudiarán dentro de unos años al buscar a los padres de la Unión de Latinoamérica. También me ha sorprendido el empuje e importancia de las reuniones empresariales que acompañan a la cita institucional y el propio Consejo Empresarial de la Alianza. Hay involucración de primeras figuras, lo que muestra que hay verdadero interés empresarial en el proyecto. A veces, la realidad institucional y política va más despacio que la empresarial. En este caso, y pese a que la Alianza dispone de espíritu de mayor agilidad y pragmatismo y menor burocracia que otros bloques, creo también que avanzará con más rapidez la formación del tejido empresarial que conecte a los países.

Así lo demuestra la presencia de grandes empresarios como los mexicanos Valentín Díez Morodo, Carlos Slim Domit,  Francisco del Valle y Sergio Contreras; de los chilenos Carlos Solari, Eduardo Chadwick y Jorge Errazuriz… o de los colombianos Felipe Jaramillo (nuevo director de ProColombia); Mónica de Greiff, presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá; y Bruce Mac Master, de la Andi. De hecho, se están desarrollando lazos de relación personal, conocimiento, interés y confianza, claves para impulsar los negocios. México, que vivía mirando a EE.UU., está redescubriendo Latinoamérica…España, que es país observador, puede desempeñar un rol importante en el ámbito empresarial, ya que su realidad es de gran presencia inversora (y a largo plazo) en esos países y puede servir de vínculo.

Muy interesante desde el ámbito empresarial, la Alianza trabaja en la creación de una regulación común para las diferentes categorías de productos, clave para que la libre circulación de mercancías sea realidad. Ahora está a examen el segmento de cosméticos y productos de higiene. Y en vez de estudiar cuál es la mejor normativa entre los países del grupo para aplicarla, se opta por el análisis, el benchmarking de mejores prácticas globales para elegir el dispositivo. Un proceso más lento, pero que busca la excelencia.

Los fundadores de la Alianza tienen en común, además de su opción por el libre mercado y la economía abierta, la vigencia de tratados de libre comercio con Europa y EE.UU. En mi opinión, la Alianza puede ser el núcleo duro al que se vaya sumando el resto de países. En toda asociación siempre es positiva la existencia de un grupo fuerte, que lidera y encauza el proceso y define la ruta antes de invitar a terceros a sumarse. Los fundadores así lo han hecho y llega el momento de reforzar esas relaciones con ánimo de aumentar la familia. 

La Alianza ha generado tal expectación que tiene 49 observadores en los 5 continentes. En Latam son 12,  tres de Mercosur: Argentina, Uruguay y Paraguay. Su surgimiento, unido a la lentitud del proceso integrador en el más antiguo Mercosur, que tiene planteamientos diferentes, ha creado la imagen de grupos antagónicos. No tiene por qué ser así. El cambio en algunos países trae otra mentalidad y el presidente Macri ha instado ya al bloque (que no tiene aún su tratado con la UE) a “salir del congelamiento” y fijar un pacto con la Alianza. Creo que ésta es un proyecto común e ilusionante que puede servir de anclaje frente a la tendencia global al surgimiento de populismos y el desencanto con la política.