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Analistas 12/10/2022

Educación 4.0

Martha Castellanos
Vicerrectora Académica de Areandina
Analista LR

Según la consultora McKinsey, la inteligencia artificial permeará a las industrias y al relacionamiento humano, haciendo que las tareas comúnmente conocidas como rutinarias y mecánicas, sean desarrolladas por la automatización.

En este sentido, de acuerdo con el Foro Económico Mundial, las tareas complejas también podrán ser reemplazadas, incluso muchas de ellas ya lo están siendo como el caso de los analistas financieros, de riesgos y selección de personal. Estos cambios nos llevan a una pregunta obligada: ¿está preparada la educación para formar profesionales en estos entornos?

A medida que la tecnología avance, el aprendizaje automático y la robótica reemplazarán a los humanos en mayor cantidad de actividades y colaborarán a los humanos en desarrollar otras más, como por ejemplo en áreas de la salud, la construcción, el sector inmobiliario o financiero, entre otros. De hecho, el Foro Económico Mundial estima que para el 2025, 85 millones de trabajos serán desplazados por la automatización, mientras surgen 97 millones de nuevos roles gracias a la misma y nueva división del trabajo entre máquinas, algoritmos y humanos.

Para lograr la adaptación y el aprovechamiento de nuevos escenarios, se requerirá el desarrollo de competencias que potencian al humano, tales como pensamiento crítico, la resolución de problemas, la empatía, el aprendizaje activo, la autogestión, la resiliencia, la flexibilidad, la creatividad, entre otros, que se logran con un aprendizaje a lo largo de la vida, desde cualquier lugar y en cualquier momento.

Hoy más que nunca es necesario capacitar a los equipos de trabajo, emprendedores y estudiantes, no sólo con estas competencias, sino con todas aquellas que respondan a contextos desconocidos y complejos y que permitan que el conocimiento se despliegue en el saber hacer y ejecutar.

El escoger las competencias y formas de lograr su desarrollo es un asunto complejo, dado que las condiciones cambiantes dificultan proyectar los posibles caminos de evolución de los mercados e industrias. Incluso, las necesidades de las personas y sus ritmos de vida impiden que la senda del aprendizaje se inicie y muchas veces si se inicia, no se logra finalizar o más aún, si se finaliza, no genera el valor agregado esperado.

Por ello, se requiere la construcción de estrategias disruptivas que permitan a las personas iniciar su proceso de aprendizaje, culminarlo y responder a las necesidades de los nuevos desafíos del mercado laboral global. Para lograrlo, es relevante contar con una base robusta de conocimiento disciplinar como la que proporciona la educación superior, complementada a la vez con el desarrollo de competencias.

Sin embargo, las señales de la industria pueden llevar a las personas a tomar caminos inadecuados en su aprendizaje continuo, orientándolas hacia habilidades que resultan de una coyuntura o de una moda efímera. Luego el escoger apropiadamente la ruta formativa que fortalecerá el perfil profesional de cualquier persona, debe incluir un esquema de experiencias desde el hacer, el experimentar, al tiempo que se fomenta el relacionamiento con otros compañeros y docentes para lograr el desarrollo de competencias blandas que también se logran desde la convivencia, tales como la empatía, el autocontrol, la comunicación, entre otras.

Lo anterior, refleja que la educación al futuro no se representa en una sola vía, sino en varias, que permitan desde diferentes aproximaciones pedagógicas y tecnológicas, satisfacer las necesidades formativas de cada individuo poniéndolo a tono con los desafíos del entorno. Por ello, el futuro de la educación se vislumbra cada vez más personalizado, significativo y pertinente, desde modalidades híbridas con calidad que fomenten una mirada crítica para resolver los problemas de un entorno complejo y convulsionado.

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