Por fin llega esta nueva normalidad de la que tanto nos habían hablado y que fuera esquiva durante 5 meses, ahora nos toca demostrar que sí la deseábamos, que la vamos a cuidar y que podemos reponernos económicamente, enfrentando la enfermedad con responsabilidad hasta que aparezca una vacuna o desaparezca el virus.

No es hora de hacerse los muy vivos y creerse inmunes. Posar de audaces y no usar el tapabocas; no guardar el distanciamiento físico o participar de fiestas y viajar con los amigos. Si queremos volverlo a hacer algún día, tenemos que dejarlo de hacer ahora. No botemos a la basura 5 meses de confinamiento y catedra de autocuidado que bastante sí nos han costado.

¿O es que acaso les gustó o se acostumbraron a la realidad de la cuarentena, del pico y cédula, los centros comerciales cerrados, de no salir ni al parque y no visitar ni a la mamá? Parece que a muchos sí, porque con esa actitud rebelde lo único que conseguirán es quedarse en esa realidad y de paso dejarnos a todos estancados ahí. Pilas, porque una nueva etapa no significa que el virus haya desaparecido, al contrario, sigue y contagiando a 10.000 por día. Lo que cambia es que ahora somos libres: libres para elegir como nos enfrentamos a la enfermedad. Ya no estamos marcados por la restricción de un alcalde o presidente, ahora está en nuestras manos.

Hay dos formas de vivir esa nueva fase, como los bobos que se creen vivos y salen a enfrentar el virus a las malas sin tapabocas, distanciamiento o protocolos. O como los realmente vivos que, aunque puedan ser considerados bobos la tienen clara, se siguen cuidando, se cubren de pies a cabeza, exigen que el que este al lado se mantenga lejos, se lavan las manos frecuentemente, prefieren pasar de las reuniones clandestinas de amigos y siguen como ñoños escueleros las reglas al pie de la letra. Nunca antes ser avezados y romper las reglas había sido tan peligros, así que hoy mejor ser de los bobos que acatan las normas que de los vivos que se arriesgan.

Entendamos una cosa, aun con todo el desarrollo tecnológico de la medicina, las farmacéuticas, la genética o incluso la inteligencia artificial, nada ha superado hasta el momento las medidas de autocuidado. Está demostrado que el virus se trasmite por las gotículas de saliva que se esparcen por el aire. Así que, si usted no tiene síntomas, igual use la mascarilla. En ese caso sus posibilidades de contagio se disminuyen a 70 %. Si es al revés y el que usa el tapabocas es quien tiene covid frente al que no lo tiene, las posibilidades de contagio se reducen a 25%.

Lo mejor de todo es que si ambos, contagiado y contagiado, usan tapabocas, la posibilidad de infección se reduce a 1,5%. Si al uso del tapabocas le sumamos el distanciamiento físico y el lavado frecuente de manos las posibilidades de contagio se reducen casi a cero. Tres cosas simples que son más efectivas que la vacuna, baratas, sencillas tienen menos riesgo y por lo que no hay que esperar meses.

La nueva etapa si es un aislamiento inteligente, o mejor para los inteligentes. Es el mundo ideal donde somos libres y la decisión está en nuestras manos, donde somos capaces de medir el riesgo y hacer que todo pase hasta el virus. Ya no estamos para que nos cuiden, tenemos que demostrar que podemos cuidarnos y como consecuencia directa cuidar a los demás.