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Analistas 20/04/2022

La guerra de las violaciones

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Seguramente el mundo se ha quedado corto al documentar los horrores de la guerra en Ucrania. Tras la retirada de las tropas rusas de algunas ciudades, quedaron en evidencia los desalmados asesinatos a civiles, miles de personas fusiladas, sin merced y bajo la soberbia y el cinismo de Rusia.

Mientras tanto el régimen del Kremlin posa ante el mundo como defensor de la península de Donbás y en nombre de intereses prorusos termina por aniquilar todo un país. Su desfachatez lo lleva incluso a horrorizarse cuando le enrostran sus propios crímenes, los niega y en cambio, con la inagotable estrategia de negarlo todo, apunta a decir que se trata de una campaña de desprestigio mundial ¡En fin, su maldita y eterna hipocresía! Lo cierto es que, como en toda guerra, nunca acabaremos de conocer la verdad de todo lo que pasó y sigue pasando en Ucrania, menos cuando el agresor es una superpotencia acostumbrada a mentir.

Esos crímenes quedarán escritos a medias con relatos de sobrevivientes. Pero hay otros que están en silencio, otros a los que el mundo mira de reojo e ignora, sin entender las secuelas sobre generaciones. Son esos que asesinan pero dejan vivas a sus víctimas: son las agresiones sexuales contra mujeres y niñas.

En uno de los pocos episodios que han salido a la luz, la Defensoría del Pueblo de Ucrania cuenta que 25 mujeres y niñas entre los 14 y 24 años fueron secuestradas y encerradas en el sótano de una casa en Bucha, violentadas sexualmente y violadas hasta 30 veces al día por diferentes soldados rusos, nueve de ellas quedaron en embarazo. Mientras eran objeto de la peor forma de guerra, los soldados les repetían que las violarían hasta dejarlas asqueadas de ellas mismas; buscaban que nunca más se atrevieran a tener contacto con hombres ucranianos y que quedaran con heridas tan irreparables que no pudieran tener más hijos.
En la cuenta de Facebook de la misma Defensoría se relatan otros crímenes: “en Bucha una pequeña de 14 años fue violada por cinco hombres. Ella está embarazada ahora. Otra niña de 11 años fue violada delante de su madre. Ella estaba atada a una silla para verla. En Irpín una mujer de 20 años fue violada por tres soldados rusos de todas las formas posibles a la vez”.

Pero la barbarie no se queda ahí. El mundo entero se conmovió con la imagen de Vira, la pequeña de un año a quien su mamá, Aleksandra Markoviy, en un acto desesperado y en busca de la supervivencia de su pequeña, le escribió en la espalda dos números telefónicos “por si algo le pasaba a ella”. Vira corrió con suerte, hoy está junto a su madre en Francia, pero no todas esas historias se cuentan así. Muchos de esos niños a quienes sus padres enviaron solos para protegerlos de una bala o un misil terminaron en las garras de un violador, un abusador o un traficante. La advertencia la hizo Manuel Fontaine, director de Programas de Emergencia de Unicef: “muchos de los menores que han tenido que salir de zonas de combate sin sus familias enfrentan un alto riesgo de violencia, abuso, explotación o ser víctimas de tráfico”. Aún no entiendo por qué se ha contado tan poco sobre estas violaciones sistemáticas. Quizá sea que el mundo aún no esté preparado para el hablar de tanto borro, pero, solo contarlo nos permitirá encontrar, abrigar las víctimas y sobre todo reparar sus heridas.

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