.
Analistas 16/06/2021

El estrecho centro

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Lo que ha pasado en los últimos días en el país no solo tiene efectos en el desastre económico, las empresas quebradas, la fuga de capital, las ciudades destruidas, las cosechas perdidas o incluso las muertes diarias por las aglomeraciones del paro; hay algo que puede ser peor y que apenas ahora empezamos a calcular: las consecuencias políticas. En un país que galopa en la polarización, el centro se está reduciendo a su mínima expresión, las posturas sensatas están cercadas; las posiciones moderadas, tranquilas y ponderadas están siendo devoradas entre el maniqueísmo de los extremos. El centro se está asfixiando en un país incendiado por la violencia en las calles y los políticos oportunistas.

El margen de maniobra política se ha vuelto mínimo. Solo hay espacio para los que levanten una voz virulenta, ataquen sin piedad y estén dispuestos a lanzar la daga que aniquila al opuesto. La polarización entre la derecha y la izquierda nos está dejando un espacio mínimo para hacer propuestas, diseñar reformas y lo peor de todo nos está dejando sin la opción para proyectar soluciones que nos incluyan a todos, nos está robando el futuro. Cada vez más el centro se parece a no hacer nada o no decir nada, no porque esa sea su esencia como algunos lo creen, sino porque estamos en una “guerra” donde parece que quien gana es el que ponga sobre la mesa la opción más rápida, populista y que incluya de paso anular a los demás.

¡Es grave! Grave porque estamos perdiendo el horizonte de las verdaderas preocupaciones en el país. Por ejemplo, nuestro principal derrotero debería ser la pandemia, pero es tal el nivel de confrontación que no hay cifra o dato que no sea aprovechado para alimentar odios o levantar una acusación. Esta polarización nos tiene tan arrinconados que no se han podido sacar adelante las reformas fundamentales que se necesitan; la reformas a la salud, política o justicia se redujeron a buenas intenciones de segunda mano desplazadas por el resentimiento que alimenta menos, pero vende más.

Podríamos casi que echar a la basura los meses que quedan hasta las elecciones, porque, imagínense, si no se pudieron sacar adelante esas iniciativas en los días anteriores con una coyuntura menos apremiante y con un ambiente menos caldeado, ahora menos. Y aunque soy una convencida de que la solución siempre se encuentra en el camino del medio, son los extremos los que están ganando terreno. No tengan la menor duda de que los candidatos que arrecien el discurso y alimenten el odio son los que ganarán en las urnas en 2022. Ellos lograrán capitalizar, por un lado, el movimiento en las calles atizado en una promesa de lucha de clases y por el otro lado, el agobio de quienes necesitan canalizar su miedo al populismo de izquierda.

Ojalá no sea así y nos tomemos el tiempo para reflexionar y abrirle espacio a una opción de largo aliento que construya para todos y no que destruya a varios con la promesa de bienestar para unos cuantos. Ojalá que el país no llegue a las urnas jugándose el destino entre los extremos: el de izquierda, que justifica la violencia en las calles afincado en el malestar social; y el de derecha, que también justifica la violencia en su objetivo por impedir que una opción socialista se tome el poder. Ojalá que el país no llegue a 2022 cargado de odios y votando con miedo.