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Más allá del Tayrona

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María Claudia Lacouture

La polémica desatada la semana pasada con relación a la concesión en el parque Tayrona y el interés de otros empresarios en desarrollar nuevos proyectos turísticos en el lugar revela que aún hay temas pendientes por definir y conciliar para lograr un turismo sostenible que genere beneficios a toda la cadena y preserve el medio ambiente. Es una coyuntura propicia para que los colombianos definamos bien lo que queremos y lo que nos conviene con relación al manejo y cuidado de todo el sistema de parques naturales.

Más allá de que si el concesionado lo hace bien, o si los nuevos proyectos propuestos son oportunos, tenemos que deponer los intereses particulares y anteponerlos al interés general mediante un mecanismo de articulación sectorial y concertación política que deje claro y para siempre definido el mapa de dónde se puede, cómo se puede y qué se puede.

El parque Tayrona ha sido el conejillo de indias en el histórico pulso entre explotar los recursos naturales y conservarlos, pero tenemos que dejar de observar el asunto desde esa visión miope y egoísta, propiciar un diálogo nacional que defina de una vez por todas cómo vamos a cuidar los parques y a la vez aprovechar esa riqueza única de Colombia para generar empleo, para ofrecerle oportunidades sostenibles a las comunidades que los habitan, como lo han hecho muchos países con sus parques.

Y no hace falta ser un emprendedor desapasionado ni un ecologista furibundo para saber que la riqueza natural de Colombia hay que preservarla, como también es una verdad comprobada que el turismo organizado y bien administrado contribuye a garantizar los ecosistemas.

En cualquier caso, tenemos que comenzar con tener presencia efectiva en los parques, pues así sea para preservarlos necesitan vigilancia y control para evitar que queden a merced de la ilegalidad.

En un reciente simposio realizado en España en el que estuvo como ponente nuestro ministro de Comercio, Industria y Turismo, el presidente del Grupo Hotusa, Amancio López Saijas, afirmó que “cuanto mayor sea el impacto económico, mayor es la conservación”. El ministro Restrepo complementó al afirmar que cuando no hay actividad económica en algunas zonas, principalmente alejadas, se desarrollan otras formas de generar ingresos, como la tala de árboles. Y, por supuesto, ganadería intensiva, minería ilegal y cultivos ilícitos.

En el caso particular del parque Tayrona se necesita más acción de conservación y solo se logra si se tiene los recursos para mantener a las personas que cuiden y aseguren el buen uso. Se tiene la infraestructura adecuada y herramientas para el turismo. Eso se logra con un turismo sostenible.

Más allá de los intereses de algunas personas, de la discusión entre congresistas o entre voceros de las partes interesadas, nos urge organizar el diálogo y, por supuesto, con el liderazgo de Parques Nacionales, del Ministerio del Medio Ambiente, y con la participación de toda la institucionalidad, los gremios, la academia, los propietarios de tierras, los empresarios y las comunidades locales, ya sean indígenas, pescadores o colonos establecidos.
Tampoco se logra nada desmeritando la labor de otras personas, ni cuestionando la administración del parque, ni a los dirigentes que trabajan con dedicación y honestidad, ni la labor de los concesionados, se trata de poner sobre la mesa el futuro de Tayrona y de los parques nacionales de Colombia.

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