Analistas

Los empresarios de la paz

Las mejores experiencias y las mayores enseñanzas que me dejaron el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y la presidencia de ProColombia fueron las frecuentes, sinceras y enriquecedoras charlas con los empresarios colombianos.

Comprender qué necesitan, saber qué quieren, entender sus necesidades y conocer su compromiso con el país ha sido un privilegio que me permite afirmar, sin temor a equivocarme, que el alma empresarial de Colombia está con la paz, lista para trabajar, aunque (hay que reconocerlo) también prevenida, cauta, a veces desconfiada.

Pero si algo reconoce el sector productivo de Colombia es que estamos frente a una oportunidad histórica, que debe ser aprovechada con sentido productivo y no asistencial; con más emprendimiento que filantropía; que debe comprometer al Estado, al Gobierno, a las autoridades regionales y al sector privado por igual; que debe ser incluyente, con metas medibles y efectos tangibles para toda la sociedad.

Solo en el último año conversé con medio millar de empresarios, me reuní uno a uno con al menos un centenar de ellos, con los líderes de las mayores empresas, también con pequeños y medianos productores.

Escuché sugerencias interesantes, iniciativas novedosas y un consenso respecto a que la paz duradera está en la efectividad de la inversión productiva, en la eficiencia del trabajo público-privado en las zonas más vulnerables, en el desarrollo de una gran apuesta en la agricultura y la agroindustria.

Pero también en la reincorporación de los reinsertados al sistema productivo de las regiones, en una capacitación especializada, en un encadenamiento que agregue valor a la comunidad, a sus formas de generar riqueza, y que toda la población tenga mejor acceso a la educación, a los servicios básicos, a la redes digitales, al entretenimiento, a la cultura.

Parece una utopía, pero en el pensamiento empresarial es un propósito viable. Que no es apenas producir riqueza, generar empleo y pagar impuestos, que necesitamos crecimiento económico, garantías y juego limpio. Que el Estado necesita del sector privado para canalizar los recursos, para darle transparencia, solidez, continuidad y sostenibilidad a los proyectos, porque la inequidad es muy grande y el país muy extenso.

Varias empresas ya comenzaron a trabajar en la paz, a través de fundaciones, o en alianza con gobiernos, o con entidades no gubernamentales. Llama la atención de que, por lo general, son proyectos de largo plazo, con objetivo puesto en el desarrollo de las próximas generaciones.

Paralelo a todo hay que buscar una mayor conciencia sobre la formalidad, fortalecer la institucionalidad. Lograr entregar herramientas para que la formalidad sea la primera opción y así se construya una Colombia Moderna con una cancha de juego equilibrada.

Es fundamental superar la polarización, conciliar las diferencias, identificar y aprovechar juntos las oportunidades, forjar mejores herramientas para que las empresas amplíen sus posibilidades, expandan sus fronteras, conquisten el mercado nacional, desarrollen nuevos productos y generemos nuevos consumidores. Así como hemos construido una apertura internacional, ahora tenemos que integrar el mercado nacional.

Contamos con un grupo empresarial exitoso, los necesitamos con entusiasmo. Como dijo un gran general: el triunfo no está en vencer siempre, sino en nunca desanimarse. Todos, juntos, podemos construir la Colombia que soñamos en paz.