Analistas

La verdadera democracia

Quienes creemos en la democracia y hacemos el ejercicio de ella cada vez que nos citan a votaciones, no estamos hoy en día muy contentos con la manera como los elegidos, no importa de qué bando, vienen incumpliendo todas las promesas que con gran aspaviento hacen durante las costosas campañas y que se hacen más con el afán de la consecución de puestos y privilegios para recibir coimas extras que para gobernar con dignidad y decoro.

No es justo permitir por más tiempo que los señores políticos sigan abusando de sus electores y el pueblo en general, al no cumplir los “fabulosos” programas que ellos proponen y no pase absolutamente nada, como muchas cosas en este país.

El compromiso sagrado de ser elegido debe ser el producto de una gestión transparente y eficaz que busque para el país en general la equidad, la transparencia, los beneficios sociales y económicos a los cuales tenemos derecho todos los ciudadanos y que no corresponde, en ningún caso, a ignorar por parte de los “elegidos” la grave situación que estamos viviendo frente a la corrupción, al sistema de salud, a la aglomeración inhumana en las cárceles, a los resultados en las Pruebas Saber, al tema de la justicia y otros tantos, a los cuales los concejales, los diputados, los representantes, los senadores y los entes de control no pueden seguir haciendo caso omiso. La sociedad colombiana desde su niñez, se está acostumbrando a que esto es normal y no que se está frente a una descomposición social, moral y ética que no tiene nombre.

Los electores de a pie queremos y exigimos que los elegidos actúen con prontitud y no contribuyan a que nuestra sociedad se siga corrompiendo más de lo que hoy está.

Todos quienes fueron favorecidos con el voto del pueblo colombiano, tienen la obligación moral y patriótica de cumplir muchos deberes y velar porque los problemas en los cuales ellos pueden tener injerencia sean solucionados con prontitud y eficiencia.

Hoy en día ve uno con tristeza que en muchos países del nivel económico de Colombia, han solucionado sus problemas. En el caso del Ecuador, la gran acometida a los obras de infraestructura y a la educación son un buen ejemplo de ello.

Ustedes deben prepararse e informarse sobre las soluciones dadas en otros países y en muchos casos más cerca de ustedes si vemos los principios que han logrado grandes avances en Colombia. Esto que se le reclama a ustedes, no es un favor, es una llamada seria de atención ante su pobreza en la propuesta de soluciones. Su oficio no debe ser el nombrar a sus amigotes en puestos públicos y conseguir tras de ellos el beneficio de las contrataciones.

Una democracia bien entendida sería que ustedes, cumplido un período de prueba prudente, sino han cumplido sus promesas, deberían renunciar y dejar que otros con mejores calidades y posiblemente con menos billetera puedan aspirar a esos cargos.

Esta sería la verdadera democracia, votar por los más competentes y si en el juego de los votos se cuelan los incompetentes, estos deberían renunciar a las dignidades a las que fueron elegidos.

Lamentablemente en Colombia para aspirar a los cargos de quienes fueron elegidos, se necesita más del dinero que de las competencias personales y profesionales. Esto ya se volvió una costumbre y es así como en los titulares de la prensa hablada y escrita aparecen a diario más los hechos incorrectos cometidos por ustedes, que el cumplimiento de los programas prometidos a la población que los ungió para estos cargos.