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Objetivo: déficit externo

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El esquema monetario que utiliza el Banco de la República se conoce como inflación objetivo. El nombre desubica. Sugiere que el objetivo del Banco es solo la inflación. Sin embargo, si bien el esquema presupone metas explícitas para el mediano y largo plazo en inflación, deja espacio para que actúe pensando en otras variables como tasa de cambio, desempeño de la actividad económica, mercado laboral, etc. 

Recientemente la atención del Banco ha virado hacia el déficit en cuenta corriente, es decir, el exceso de gasto respecto a lo que producimos. Ese dato es, por encima de la inflación, la gran luz roja que tiene la economía colombiana. La razón por la que preocupa ese déficit es que requiere ser financiado por el resto del mundo y que si las condiciones crediticias para Colombia se aprietan, nos tocaría hacer un ajuste en nuestros gastos que podría llegar a ser del tamaño mismo del hueco. Ese es un escenario catastrófico y poco probable pero no descartable y por tanto recibe la máxima atención tanto del gobierno como del Banco Central. Para la muestra: en las minutas de la Junta del Banco de enero de 2014, solo se menciona una vez al déficit en cuenta corriente; en la de 2015, dos veces; en la del mes pasado, ocho.

Las miradas con sospecha al financiamiento externo ya empezaron a llegar. Esta semana, por ejemplo, Standard and Poor’s, una de las principales calificadoras de riesgo, ratificó la calificación BBB de nuestra deuda soberana pero le dio una perspectiva negativa. Eso es como tomar impulso para bajar la calificación un escalón. 

Algunos analistas piden que sea el Banrep el que encabece el ajuste de las cuentas externas. La lógica es la siguiente: el Banco, preocupado por la escalada en la inflación ha venido subiendo tasas de interés. Si lo hiciera con más vehemencia, enfriaría el consumo de los hogares y por tanto el hueco con respecto a nuestra producción también caería. Para el Banco, si eso funcionase, resultaría una coincidencia maravillosa: con la misma bala podría atacar los dos problemas más sobresalientes de la macroeconomía colombiana, el déficit y la inflación.

Sin embargo, esta lógica tiene dos falacias. La primera, es que el apretón monetario también tumba el ingreso nacional, es decir, el numerador del déficit externo cuando se mide como porcentaje de la economía. La segunda, es que ignora el reacomodo de gastos entre bienes transables (importados) y no transables. Un efecto indirecto de apretar las tuercas monetarias es que en el corto plazo se abaratan los bienes transables con respecto a los no transables. El aumento relativo en el consumo de los transables empeora el hueco externo. Así, desde el punto de vista teórico, los apretones monetarios tienen efectos ambiguos sobre las cuentas externas.

Y desde el punto de vista empírico, infortunadamente para los que proponen una sola bala para dos problemas, varios estudios han encontrado que el déficit externo tiende a empeorar en el corto plazo si hay subidas en las tasas de interés. Eso puede explicar la cautela con la que se ha movido en Banrep para combatir el alza en la inflación. Si se le va la mano, nos acerca al escenario catastrófico de marras. Así, el apretón monetario drástico que piden algunos tendrá que esperar a mejores tiempos. En el camino subiremos tasas por una cautelosa cuesta siempre pendientes de que al final de la curva no haya un abismo por el que se pueda despeñar el déficit externo.
 

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