Analistas

La aventura de los molinos machistas

GUARDAR

En esto, descubrieron 30 o 40 molinos machistas que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero:

-Porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren 30 o más desaforados gigantes machistas, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, porque es por su culpa que hay tan pocas dulcineas en el Congreso de la República.

-¿Qué gigantes machistas?-dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves -respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. 

-Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes machistas, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino. 

-Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes machistas. Con uno de sus largos brazos se toman “selfies” apoyando las listas cremallera y con el otro, espada en mano, destrozan tan noble ley. Y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. 

-Pero señor -dijo Sancho- no hay ley que impida la presencia de dulcineas en el Congreso. En cambio, las hay que discriminan a los varones. Por ejemplo, señor, si vuestra merced y Dulcinea algún día tuvieran a bien dar a luz un hermoso hidalguito, vos solo tendríais unos pocos días de licencia de paternidad mientras vuestra Dulcinea gozaría de tres meses de descanso. O, sin ir más lejos, antes de unirme a vuestra merced en esta aventura sin fin, perfeccioné mis artes en la guerra prestando servicio militar obligatorio. ¿Habéis notado, señor, que sobre las damas no pesa tal obligación? Y si queréis mirar al futuro señor, yo habré de esperar a cumplir 62 abriles a vuestro lado para poder gozar de mi pensión, mientras que vuestra dama se jubilará con sólo 57. ¿No os parece, señor, que si queréis luchar por la igualdad de género debéis comenzar por luchar contra las leyes que discriminan a varones o damas, en lugar de entablar una batalla contra los molinos de viento, por machistas que os parezcan?

Sin atender el razonamiento de su escudero, Don Quijote dio espuelas a su caballo Rocinante tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran, antes iba diciendo en voces altas:

-Non fuyades como sanguijuelas en alcantarilla, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. 

Levantose en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse,  y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriere, con la lanza en el ristre, embistió el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en la aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. 

-¡Válame Dios! -dijo Sancho-. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?

-Calla, amigo Sancho -respondió don Quijote-, que la fuerza con que me han atacado es prueba inobjetable de que se trataba de un ejército machista. Más al cabo han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.

-Dios lo haga como puede- respondió Sancho Panza.

Twitter: @mahofste

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés