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El peso fuerte

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La semana pasada tuvo lugar en Estados Unidos la reunión periódica de la Reserva Federal. Los anuncios hechos por Bernanke y sus colegas resultaron audaces. Como desde hace varios años el instrumento tradicional de política de los Bancos Centrales, es decir la tasa de interés de corto plazo, está en cero y por tanto no se puede reducir más, la FED ha venido echando mano de otras alternativas en su intento por alentar la letárgica economía del norte de América. Con esa restricción en mente, de dicho cónclave salieron tres noticias importantes sobre las acciones futuras de la FED.

Primero, la FED anticipa que mantendrá las tasas de corto plazo en niveles bajos hasta al menos mediados de 2015. Así habremos completado más de un lustro con el motor de tasas a todo vapor. Segundo, la FED continuará con la compra de activos de largo plazo, en un intento por reducir las tasas de esos títulos, por cerrar aun más la brecha entre las tasas a diferentes plazos. Y finalmente, una frase que señala un nuevo énfasis, para algunos un paso en la dirección correcta, para otros un paso más cerca del cataclismo inflacionario: “una postura monetaria altamente “acomodativa” será apropiada durante un periodo de tiempo considerable después de que la recuperación se fortalezca”.

La última frase promete que la FED no recogerá las velas monetarias a la menor señal de recuperación-un error que cometió el Banco de Japón hace unos años-sino que las dejará extendidas aún cuando el barco de la economía se mueva a buena velocidad. Sin decirlo, Bernanke promete que dejará que la inflación repunte antes de recoger las velas y estabilizar el barco a velocidad de crucero.

En últimas, Bernanke empieza a moverse en la dirección que sus investigaciones (previas a ser presidente de la FED) sugerían en estos escenarios. Para salir de la trampa que ha asido a la economía de EE.UU. se necesita convencer a la gente de que la política será expansiva durante un periodo largo de tiempo y que la primera señal de recuperación no reversará esta postura. La promesa apunta en esa dirección; falta ver si la promesa goza de credibilidad.

Para Colombia la lección es bien simple. Se vienen otros tres años con el planeta inundado de dólares. A eso hay que sumarle que nuestro país está creciendo bien y se ha vuelto un destino preciado para la inversión extranjera directa. En sólo los primero ocho meses del año entraron por ese concepto casi US$12.000 millones. Si además la apuesta del gobierno alrededor de negociar con las Farc llega a buen puerto, nuestros atractivos se resaltarán.

El Banco de la República podrá seguir comprando dólares y el Ministerio de Hacienda continuar con su gimnasia financiera para hacer lo mismo. Pero al final nada cambiará el hecho de que no estamos combatiendo una ola sino una marea. Si nada extraordinario sucede nuestro peso se verá fuerte frente al dólar en lo que resta de este gobierno y más allá. Los empresarios con negocios que dependan de ese precio relativo deben empezar a hacer sus proyecciones con esa perspectiva; el gobierno y el Banco deben vigilar que no haya a la vista desbalances macroeconómicos asociados a esa tendencia; y en general, debemos cambiar la aproximación semántica al fenómeno. La revaluación no necesariamente es una tragedia. El peso fuerte es también reflejo del buen momento de la economía colombiana respecto a la del resto del mundo.

twitter: @mahofste 

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