Analistas

El lado blando de la reforma

Siete semanas tiene el Congreso para definir cómo quedará nuestro estatuto tributario. Es poco tiempo para estudiar un articulado complejo y crucial para la vida económica y social del país, pero mucho para que los gremios y demás grupos de interés presionen cada uno por su propia exención. La extravagante opulencia de la que han hecho gala algunos gremios para oponerse a determinadas propuestas sugiere que la vía rápida tiene ventajas. 

Me gusta la estructura general de la propuesta pero hay áreas en las que se quedó corta. En particular, me sorprende que a pesar de que el espíritu es tener un sistema más equitativo donde los que más tienen contribuyan proporcionalmente más, los avances en gravar los ingresos de los más afortunados son pequeños. 

En Colombia hay 27 millones de personas con ingresos. Si ordenamos esos 27 millones de menor a mayor ingreso ¿cuáles deberían tributar? ¿El 50% más rico? ¿La tercera parte más rica? ¿La quinta parte? Con las reglas de juego vigentes tan sólo 8% de esos 27 millones declara renta pero no necesariamente ese 8% es el de más ingresos. Me explico: si Ud. recibe por ejemplo 200 millones de pesos al año vía pensiones o esa misma cifra en dividendos de sus acciones, Ud. no paga ni un peso de impuestos por esos ingresos: ni los dividendos ni las pensiones están gravados.

Con la reforma la base de contribuyentes sube muy poco, a algo menos de 10% de los que reportan ingresos. La exención a las pensiones se mantiene: sin importar si los ingresos pensionales que recibe lo ubican entre los de mayores ingresos en el país, esos colombianos no aportarán al financiamiento del Estado. 

La exclusión que se matiza levemente con la reforma es la de los dividendos. Se propone una escala  en la que algunos llegarán a pagar hasta 10% si reciben más de 30 millones por dividendos al año. Esa tarifa es muy baja y tiene muy poca progresividad. ¿Por qué es baja? El promedio entre los 35 países de la OCDE es 27% y solo cuatro de esos países tienen tasas de 10% o menos. Y tiene muy poca progresividad porque la tarifa se estanca el 10% sin importar si el accionista recibe 30 millones o 3.000. Además, si bien la comisión de expertos había recomendado que se gravaran los dividendos si estos se pagaban a empresas en lugar de a personas, la reforma no contempla esa arista. Eso quiere decir que aquellos que reciban altas sumas de dinero por dividendos podrían cobrarlos a través de una empresa para eludir el pago. Total, el impuesto es poco progresivo, muy bajo, y deja una puerta abierta para eludirlo.

Impuestos a las pensiones no habrá en esta reforma: habrá que esperar a una futura reforma pensional cuyo constante aplazamiento va camino a ser el gran lunar del legado del presidente Santos. Por el lado de dividendos, está en manos del Congreso mejorar la propuesta. Hay que cerrar la puerta de la elusión, aumentar la tarifa y sumarle progresividad: lo más simple y justo sería meter los dividendos en la misma categoría de las rentas laborales de manera que recibir 10 millones de pesos de sueldo exija la misma carga tributaria personal que recibir 10 millones de dividendos. La tasa efectiva de impuestos a las personas naturales con la reforma no llega a 20% para los que más ganan. Eso querría decir que los que más dividendos reciban en Colombia terminarían pagando una tarifa que se acerca a ese umbral. Los de menos ingresos no pagarían el impuesto.