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¡Defendiendo el negocio, maestro!

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Cuando el Banco de la República anunció que pronto circularían en Colombia billetes de $100.000, el gremio bancario manifestó su oposición. Lo hizo con inusitada vehemencia, como si resultara obvio que riñera con el bien común. Veamos los argumentos del gremio. Primero, que los billetes de alta denominación son un palo en la rueda de la bancarización. Aah…como cuando la Reserva Federal de Estados Unidos imprimió en 1914 los primeros billetes de US$100: condenó para siempre a Estados Unidos a ser un país desbancarizado.

Cuando el Banco de la República anunció que pronto circularían en Colombia billetes de $100.000, el gremio bancario manifestó su oposición. Lo hizo con inusitada vehemencia, como si resultara obvio que riñera con el bien común. Veamos los argumentos del gremio. Primero, que los billetes de alta denominación son un palo en la rueda de la bancarización. Aah…como cuando la Reserva Federal de Estados Unidos imprimió en 1914 los primeros billetes de US$100: condenó para siempre a Estados Unidos a ser un país desbancarizado. 

Segundo, que facilita las transacciones de recursos de origen ilegal: seguramente, pero también las de la gran mayoría de colombianos que nos dedicamos a actividades legales. Tercero, que facilitar las transacciones en efectivo entorpece la vigilancia de las autoridades tributarias y por tanto promueve la evasión. Ciertamente a las autoridades tributarias les resulta más simple seguirle la pista a los recursos en el sector financiero que al efectivo. Pero no le luce el argumento al gremio bancario cuando hace pocos meses saboteó exitosamente la medida antievasión más grande de la historia reciente colombiana: la declaratoria de paraíso fiscal de Panamá. 

Y por último, argumentan que promueve la informalidad. Me cuesta imaginar una empresa que se esté frotando las manos esperando los billetes de $100.000 para poder saltar a la informalidad o algún trabajador independiente-digamos, un plomero-que ahora se volverá informal gracias a los billetes de marras. 

Total, el tal listado de argumentos altruistas con el que el gremio nos advirtió que el emisor cometía un error, no existe. Pero claro, alguna razón tiene que haber detrás de la queja. No es difícil encontrarla. Los banqueros perciben que el billete compite con su negocio. Si el emisor nos facilita las transacciones en efectivo temen que filtremos menos recursos por el sector financiero. Parafraseando un doloroso episodio de nuestra historia, los del gremio dirían que están ¡aquí, defendiendo el negocio, maestro! 

Si de verdad el billete de $100.000 es una competencia para el sector financiero, bienvenido. La competencia es la forma de más efectiva de reducir los precios de las tarifas bancarias a sus justas proporciones, a donde una reciente experiencia personal me indica que no han llegado: transferí de manera electrónica, a finales de 2014, $150.000 a otra cuenta en Colombia. Mi banco, me cobró cerca de $9.000 por el servicio y el banco receptor se apropió de $10.000. ¡Eso es una comisión de 14%! 

Yo oficialmente me “desbancaricé” de esas transacciones (¡y no por los $600 del cuatro por mil!) y me alegra saber que el emisor me facilitará las alternativas de pago futuras. 

Ojalá en lugar de forzarnos a usar sus servicios saboteando las alternativas, el sector financiero se dedique a seducirnos con buenos servicios y precios. No es prohibiendo la competencia que avanzaremos en las metas de inclusión financiera y no es para asegurar el monopolio bancario de las transacciones que queremos mayor profundidad financiera. 

Pd. Apuesto que apenas salga a circulación el billete de $100.000 los bancos llenarán los cajeros con esa denominación, lo que les permitirá reducir los costos de reaprovisionamiento de los mismos. 

En países con cajeros civilizados, el cliente además de decidir la cuantía del retiro puede escoger las denominaciones en las que prefiere que le dispensen el efectivo. ¡Ahí va una idea para que nos seduzcan y no nos encarten con billetes de $100.000 si no los necesitamos! 

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