Analistas

Carta de Rafa a Ben

 

¡Las vueltas que da la vida, apreciado Ben! Hace poco más de una década, en los albores del siglo XXI, nuestras vidas parecían paralelas. Tú caminabas por los pasillos de Princeton, eras un reputado economista académico, tenías sobre tu espalda decenas de artículos en las mejores revistas del área, varios libros y capítulos publicados. No debía haber para esa época macroeconomista alguno sobre la tierra que no se hubiera topado con tus escritos. Era difícil escapar a tus contribuciones que abarcaban temas como el desarrollo económico de largo plazo, las fluctuaciones de la economía, la política monetaria, el rol del sector financiero, entre muchos otros.
 
Para ese entonces, estimado Ben, yo deambulaba por los pasillos de la Universidad de Illinois terminando mi tesis doctoral. Sí, en economía. Mi trabajo versaba principalmente sobre el efecto de las reformas estructurales en América Latina sobre el crecimiento económico de la región. Me temo que no te lo debes haber leído. Es que a mi contribución a la ciencia le di lo que llamo la eutanasia académica: lo publiqué en español en una revista de la Cepal que ustedes, desde el imperio, miran por encima del hombro. Bueno en realidad creo que ni la miran. Te lo resumo en un par de frases: mi hipótesis es que las reformas en las que nos embarcaron varios de tus colegas hace un par de décadas no tuvieron efectos positivos sobre el desempeño económico de nuestras economías; de hecho, algunas de esas reformas tuvieron el efecto contrario al esperado. ¿Sorprendido eh?
 
Pero me estoy desviando del tema, Ben. En aquel comienzo de siglo, sin saberlo, nuestras vidas quedaron atadas para siempre. Tú andabas obsesionado estudiando las alternativas de política que tenía Japón que llevaba más de un lustro de estancamiento en su actividad económica y cuyo Banco Central había ya bajado sus tasas de interés hasta cero. El músculo monetario tradicional ya no podía empujar más a la economía y tú te devanabas la cabeza pensando en alternativas. Por esa época, mí país pasaba por una terrible crisis política y económica. La inflación disparada y el desplome del Sucre llevaron a mis compatriotas a dolarizar la economía. Ese fue, Ben, el momento en que sin saberlo intercambiamos argollas de compromiso. 
 
El siguiente lustro fue frenético en nuestras vidas. A ti te nombraron presidente de la Fed y quedaste a cargo, quizás sin saberlo, de la política monetaria de mi pequeño país. Y yo por mi lado pasé en poco tiempo de los pasillos de Illinois, del sufrimiento de defender mi tesis doctoral, a presidir mi país. Mientras tú hurgabas entre tus notas de la experiencia japonesa para lidiar con la peor crisis en más de medio siglo de tu imperio, una crisis en la que te quedaste rápidamente sin el músculo de tus mágicas tasas de interés, yo luchaba contra los poderes económicos y mediáticos que habían frenado el desarrollo de mi país; ah ¡y casi me parto la cara con un presidente vecino! 
 
En tu lucha contra la crisis de tu país, Ben, decidiste bajar las tasas de interés hasta cero. Llevamos ya casi cinco años en esas y de hecho nos prometiste que nos queda al menos otro par con la maquinita de los dólares a todo vapor. Sé que no lo hiciste pensando en mí país, mucho menos en mí, pero quiero de todo corazón agradecerte. El año pasado, mis reformas-perdón tu maquinita-empujó el crecimiento de mí país hasta casi el 8%. Ese motorcito que prendiste, apreciado Ben, hará que el año entrante tú y yo seamos reelegidos. En nombre del pueblo ecuatoriano ¡gracias! Un abrazo bolivariano de tu servidor, Rafa Correa. 
 
Twitter: @mahofste