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Las buenas nuevas de la corrupción

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Los escándalos de corrupción en el sector de la infraestructura que salpican a los círculos cercanos del poder de la izquierda y la derecha, del oficialismo y de la oposición y, del gobierno central y los gobiernos locales, son buenas noticias para el pueblo colombiano. Independientemente de que los escritos y manifestaciones de los líderes de opinión tienen a gran parte del pueblo colombiano rasgándose las vestiduras por la seriedad de los escándalos y la profundidad con que implican personajes de la vida política nacional, hay algo nuevo en todo esto que da luces de esperanza, así estas luces sean aún tenues.

Colombia no ha sido ajena a los escándalos de corrupción en obras de infraestructura. A principios de los 80’s se destaparon los actos de corrupción en la Empresa de Energía de Bogotá, por los cuales su gerente Fabio Puyo, conocido como Guavio Puyo, nunca pagó un día de cárcel. El responsable por los sobrecostos de más de US$2.000 millones en la central hidroeléctrica, que a precios de hoy equivalen a US$5.000 millones, más que los de Reficar, fue posteriormente sentenciado en España por falsificar obras de arte de Picasso.

En 1999, el escándalo de moda en el campo de la infraestructura fue la pérdida de más de US$1.200 millones en el escándalo de Dragacol, por el cual la justicia declaró responsable solidario al Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas. El caso Dragacol precluyó en 2011 por vencimiento de términos y la decisión de vincular al exministro fue posteriormente revocada por la Corte Constitucional, dejando un halo de impunidad en el ambiente. 

No se puede olvidar que, por la misma época, la entonces senadora Ingrid Betancourt, la misma que demandó a la Nación después de haber sido rescatada de las garras de las Farc, acusó a los expresidentes Gaviria y Samper por el escándalo de corrupción de Foncolpuertos, que sirvió de acuerdo con su declaración, para lavar dineros recibidos en la infiltración con dineros del narcotráfico de la campaña de este último expresidente. En este caso de alto vuelo solo terminaron condenados funcionarios de cargos medios, saliendo ilesos los peces gordos.

Tras los escándalos de Invercolsa y Commsa alrededor de 2006, por los que no ha habido sanciones acordes a los delitos cometidos, en 2010 se destapó la corrupción a gran escala de la administración Moreno en Bogotá, en los que por primera vez fueron condenados y encarcelados los responsables de alto nivel. Samuel Moreno, su hermano Iván y el clan Nule se encuentran purgando abultadas penas.

Hoy en día, dos escándalos de dimensiones disímiles han tenido resultados diferentes. El caso Odebrecht, de alto contenido político, pero con desfalco inferior, ha estado en el centro de las prioridades de la justicia y la opinión, mientras en el inmenso desfalco de Reficar no se ven progresos significativos. En este escándalo, en el que repite el ministro Cárdenas como miembro de la junta directiva de Reficar, están siendo investigados entre otros personajes de altísimo nivel como Juan Carlos Echeverri, Javier Gutiérrez, Orlando Cabrales, Fabio Echeverri Correa y Amylkar Acosta, entre otros.

Si bien es muy positivo que los escándalos de corrupción salgan a la luz pública, aún quedan dudas sobre si la fiscalía y la justicia tienen la fortaleza y la actitud necesaria para que los responsables de alto nivel paguen por este desfalco, que no progresa en la Fiscalía.

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