Analistas

¿Indignados con las redes sociales?

Políticos, periodistas y analistas se indignan. Afirman que, en las redes sociales, gente del común está distorsionando la realidad, mete noticias falsas engañando a los inadvertidos que ahí se aventuran, faltan al respeto a gente importante, insultan utilizando palabras soeces y hasta se dan el lujo de amenazar a otros dentro y fuera del mundo digital.

Les preocupa además que, en las redes sociales, su trabajado estatus, construido con esfuerzo por décadas de manifestaciones, columnas, declaraciones y figuración pública no se respeta. Cualquiera puede desautorizar su voz, sin derecho a que se defiendan. A la par de algunos taxistas, que defienden con desespero sus derechos adquiridos ante la llegada de Uber, desprestigian a quienes amenazan su territorio; y a medida que van perdiendo la batalla, sugieren soterradamente regular la red, conscientes de la alta impopularidad de sus propuestas.

Sin embargo, aquellos saltimbanquis que irrumpen en las redes son gente del común como usted o yo, un poco más locuaces y agresivos que el resto, pero, finalmente, el producto creado por los líderes de opinión con su comportamiento de décadas. Los referentes de excelencia del pueblo han desaparecido. La iglesia, punto de referencia histórico, se ha visto golpeada con los escándalos sexuales de sus exponentes, la burocracia ciega de la ONU se apropia los recursos que facilitaron los países amigos para la implantación de la política de paz y, las altas cortes se ven envueltas en escándalos de venta de fallos. Hasta la institución del Premio Nobel ha sido golpeada por las acusaciones de acoso sexual contra uno de los integrantes del comité de selección del galardón de literatura. Como pueblo ya no tenemos instituciones en quien confiar.

Las fuentes de información convencionales, referentes de opinión para muchos, también contribuyen al ambiente generalizado de agresividad que ellos mismos critican. Desde los analistas que satanizaron a Gustavo Petro, a los que hoy en día demonizan a Peñalosa, pasando por el salvoconducto que creen tener algunos caricaturistas y columnistas, lejos de su rol constructivo, para atacar irresponsablemente a personajes públicos, los ilustres de la comunicación están construyendo el ejemplo a seguir para los usuarios de las redes sociales.

Las actitudes de la clase política tampoco han sido ejemplares. El tono y el lenguaje utilizado entre los expresidentes y entre las bancadas en el Congreso, harían sonrojar hasta a los más violentos exponentes en las redes sociales. Los carteles de testigos falsos, para meter a la cárcel a inocentes, son en exceso más peligrosos que las mentiras inofensivas de las redes.
Que no se rasguen, entonces, las vestiduras, los comunicadores y políticos por lo que sucede en redes sociales. La falta de ejemplo, en la que muchos han caído durante décadas, es en parte lo que ha absorbido el pueblo y se manifiesta hoy en las redes. La podredumbre que ha llegado con toda la fuerza a los partidos políticos en toda América Latina, como lo demuestra el caso Odebrecht, y la degradación de las instituciones que antes eran motivo de orgullo y de confianza tienen sus consecuencias en la gente. Mientras el pueblo no recupere la confianza en los referentes y estos no se concienticen de su rol como ejemplos para la gente de a pie, es mejor que no se quejen del comportamiento en el único espacio que el pueblo tiene a su disposición para expresarse, las redes sociales.