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Analistas 10/11/2021

Recuperando el tiempo perdido

Se esta desatrasando el presidente Duque en materia de política internacional, después de tres años de gestión donde la materia estuvo -hay que decirlo- desenfocada o abandonada.

El mandato empezó con la loable pero desorientada idea de que había que imponer un cambio de régimen en Venezuela. Es decir, con la idea de que era una prioridad de la política exterior colombiana tumbar al gobierno de un país vecino, algo que no se había intentado desde que las tropas colombianas sacaron a los españoles de la América continental después de la batalla de Ayacucho. Esta vez, sin embargo, el resultado de intentar derrocar a una dictadura castrista con un concierto de pop no fue el esperado.

Y si a esto se le suman los ridículos gestos de los halcones trumpistas de la Casa Blanca, que amenazaban con invasiones imaginarias que reseñaban en un bloc de notas que exhibían casualmente a la prensa, pues podemos decir que pocas veces la política exterior del país había dado tumbos de esa manera, no obstante, los esfuerzos del entonces canciller de darle algún viso de cordura a la situación.

Trasladado Carlos Holmes digamos en gracia de discusión que después vino su reemplazo, lo cual es una exageración, porque la doctora Claudia Blum, a pesar de su buena disposición, nunca ejerció propiamente el cargo ni pretendió hacerlo. A la fecha aún no sabemos si en efecto dejó sus cómodos aposentos en Nueva York y se trasladó a la capital de la República. La pandemia y el imperio del Zoom se encargaron de mantener el misterio y así nos fuimos, un año y medio sin canciller y sin política exterior como si fuéramos un exoplaneta en otra galaxia.

Llegó entonces la vicepresidente a dirigir los designios internacionales y por un momento parecía que las cosas estaban retornando cierta normalidad, pero el optimismo fue prematuro. Hay que reconocer que la vice se tomó en serio su nueva responsabilidad, aunque no llegó muy lejos. Numerosas reuniones protocolarias con funcionarios de tercer nivel en la burocracia internacional, algunas visitas a países amigos y nada más.

En el Palacio de Nariño decidieron asumir las riendas internacionales y se lanzaron a una agenda externa en esteroides, pero en el afán dejaron sola en casa a la canciller, como a Kevin en la película de Mi Pobre Angelito. La excusa es que la vicepresidente-canciller y el presidente no podían viajar juntos, algo que se resalta en un reciente decreto expedido antes de los viajes y que genera cierta suspicacia porque nada evita que ambos dignatarios puedan estar al mismo tiempo en el mismo lugar utilizando aviones diferentes.

Uno lo que espera que estas maratónicas giras multiregionales y multitemáticas emprendidas por el primer mandatorio tengan algún propósito y no sean solo ejercicios de turismo presidencial. Todavía hay tiempo para recomponer, o, más bien, para reinventar la inexistente agenda internacional, ahora que estamos saliendo del covid y que el mundo regresa a la normalidad. Colombia, créanlo o no, sigue siendo el país de mostrar en la región.