Analistas

Relocalización inversa

El sistema económico internacional se mantiene como el más vigente en términos de cambios, evoluciones e involuciones. Difícilmente puede indicarse que en las últimas décadas ha habido procesos estáticos (e incluso, claramente previsibles) en lo que a éste respecta. Y es que, aunque el planeta sigue siendo bastante dinámico en materia económica, esta vez los movimientos se desarrollan a la inversa de las tendencias que alguna vez se plantearon en “The World is Flat”, de Thomas Friedman. A pesar de la metáfora sobre la tierra plana, los procesos ahora son diferentes.

En los años posteriores a la crisis financiera de 2008/09, se ha constatado un fenómeno de retorno en lo concerniente a procesos de localización de la producción industrial y manufacturera: en definitiva, las economías más fuertes han notado cómo avanza con más frecuencia el proceso del “reshoring”, que también es conocido como de “onshoring”, “inshoring” o “backshoring”. Se trata fundamentalmente de un retorno de los ampliamente ilustrados procesos de “offshoring” o relocalización.

En términos sencillos, hace un par de décadas el “offshoring” estuvo en su máximo apogeo. Las grandes firmas buscaron localizar sus filiales de producción manufacturera en sitios que abarataran sus costos. Así, las empresas migraron de un país A hacia uno B, en procura de beneficios económicos. Sin embargo, ahora el proceso tiende a revertirse, notando cómo desde ese país B las empresas y sus filiales regresan hacia A.

Aunque el retorno de firmas y compañías a sus lugares de origen no es generalizable, sin duda se puede hacer referencia a una tendencia global que está en auge. Máxime cuando se han implementado políticas domésticas que favorecen dicho retorno. El caso estadounidense es paradigmático a partir de la llegada de Trump al poder. Sin catalogarlo de positivo o negativo hay que anotar que cada vez más compañías optan por el retorno, pues la combinación entre políticas domésticas beneficiosas para la producción dentro del país, con aumento en los costos de producción y del mercado laboral en los lugares que alguna vez fueron atractivos, motivan ese movimiento.

Los países que hace 20 años se mostraron como excelentes opciones para manufacturar, hoy se han vuelto costosos. No son sólo los costos laborales sino todos los demás asociados a la producción manufacturera. Como se ha dicho, con los efectos de la crisis económica y financiera de 2009, muchos de los países desarrollados debieron intervenir con la generación de políticas que favorecieran el retorno de sus empresas e influyeran directamente en la generación de empleo.

Desde 2011 se quiso, por parte del presidente Obama, dictar políticas que beneficiaran el retorno, tanto de capitales como de empresas a los Estados Unidos. Sin embargo, los resultados no habían sido tan impactantes como se esperaba, Durante la administración Trump el fenómeno ha cobrado mayor fuerza.

También esta dinámica del “reshoring” se ha venido presentando en el Reino Unido. Motivado en algunos casos por la amplia incertidumbre que arroja la implementación del Brexit y con el apoyo gubernamental para determinar el retorno hacia el país, con la idea de darle un empuje (impulso) a la maltrecha economía del archipiélago británico. Para el caso de naciones industrializadas con problemas de déficit comercial, desempleo alto y desequilibrios en la producción, la implementación de medidas y políticas que favorezcan el “reshoring” se ha convertido en algo esencial, parte de las agendas de política económica de los países.

Así las cosas, el movimiento de capitales y firmas a lo largo y ancho del planeta constata lo poco estático del sistema económico internacional. En medio de estas particularidades los países (gobiernos) tendrán que exponer sus mejores cartas para evitar que se presente una desfinanciación profunda a raíz de la disminución de la inversión. Es el actual reto en la materia.