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Analistas 03/08/2021

Mundo hambriento

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor asociado de la Universidad Eafit

Hace seis años que se trazó un nuevo camino para erradicar el hambre en el mundo, con el lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sin embargo, a pesar de ese impulso dado en 2015, el anhelo de encontrarse con un planeta menos afectado por la falta de alimento vuelve a tornarse un sueño. Es una pena, pero la radiografía actual del estado del hambre en el mundo es lamentable. Hoy, se presenta un empeoramiento dramático en el mundo, acentuado por la aparición del virus SARS-CoV-2.

Para el caso colombiano, de acuerdo con el reporte del Programa Mundial de Alimentos de 2020 (lo que sugiere que con la pandemia la situación puede ser peor), en el país hay alrededor de 10,5 millones de personas afectadas por un consumo ineficiente de alimentos. Además, de acuerdo con reportes consolidados de 22 bancos de alimentos, se está ante la dolorosa cifra de 2,7 millones de habitantes que padecen hambre crónica. Esto se complementa con las cifras del Dane, que precisan en 29,2% el número de hogares colombianos en los que solo hay la posibilidad de tener dos comidas al día, y un 2,6% en los que apenas alcanza para una.

En América Latina las cifras conservan la triste tendencia de encontrarse con cerca de 50 millones de personas sumidas, como cifra oficial de Naciones Unidas para 2020, a las penurias del hambre. Y tal tendencia se intensifica cuando se revisa cuidadosamente dicha problemática a nivel global.

Aunque hoy todavía resulta imposible medir los impactos de la pandemia (que aún no termina), es claro que haciendo seguimiento a varias agencias que reportan datos confiables sobre temas de pobreza y hambre en el mundo, son coincidentes en que al cierre de 2020 alrededor de 810 millones de personas presentaron niveles de desnutrición preocupantes. De acuerdo con ello, resulta inviable la promesa de tener en 2030 un mundo sin hambre. En lugar de reducir los 790 millones de personas sin alimento de 2019, hoy es claro el incremento.

Un documento resulta esencial para revisar lo que viene sucediendo en la materia. Se trata del reporte de la ONU sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, publicado a partir de un esfuerzo conjunto entre la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hasta este año se había hecho recurrente, en el periodo posterior al lanzamiento de la Agenda 2030, la advertencia de encontrarnos en un mundo susceptible de agravar la situación de hambruna de millones de personas, fundamentalmente infantes y adolescentes. Para este último periodo evaluado en el reporte, éste enfatiza que, de manera infortunada, la pandemia continúa exponiendo las debilidades de los sistemas alimentarios, que amenazan la vida y los medios de subsistencia de personas en todo el mundo, y todo se agravó.

Así mismo advierte que, a pesar del renovado impulso diplomático que se ha venido desplegando para retomar el rumbo hacia la eliminación del hambre en el mundo, se evidencia una coyuntura crítica. Y en tal dirección, se ha puesto toda la fuerza para que el diálogo intergubernamental, enmarcado en la Cumbre de los Sistemas Alimentarios, se transforme honestamente en procura de efectos reales. De hecho, ese ha sido el llamado para 2021. Se ha invitado a todos los actores involucrados a pensar en la posibilidad de lograr sistemas alimentarios inclusivos y sostenibles para todo el mundo.

Sin embargo, para lograr resultados positivos en medio de este desalentador panorama, se requiere de una respuesta colectiva extraordinaria del gobierno, el sector privado, el esquema multilateral, le sociedad civil, y de nosotros mismos. Pero eso hasta ahora está lejos de lo real. ¿Qué hacer hoy desde donde estamos?