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Analistas 27/04/2021

Infantes a la deriva

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor asociado de la Universidad Eafit

En los últimos meses se ha evidenciado un resurgir de la modalidad empleada por los coyotes para dejar a los infantes a la deriva en la frontera entre México y Estados Unidos; con la idea que al superar el límite, algún responsable esperará por ellos. Sin embargo, hoy son cientos de casos en los que ni siquiera hay adultos esperando por los menores, incrementando la problemática. Ante estas circunstancias, los detractores del presidente Biden le endosan la responsabilidad del fenómeno, a raíz de la suspensión de las agresivas medidas que impuso su antecesor para expulsar a los menores y dividir familias sin contemplación.

A pesar de tal acusación, este no es un fenómeno reciente o que sólo pueda leerse como respuesta a las actuaciones de la administración Biden. Por años, se ha evidenciado una marea de menores abandonados en la zona fronteriza, convirtiéndolo en un problema estructural. Estudios y aproximaciones al fenómeno, han demostrado que los niños migrantes centroamericanos han enfrentado por años niveles extremos de violencia, no solo en el movimiento migratorio sino, incluso, desde su lugar de origen.

En seguimiento al tema se ha evidenciado que las políticas federales del país terminan, incluso, superando sus fronteras para impactar negativamente a los menores, pues con los compromisos acordados entre Washington y sus contrapartes, se emprende contra los migrantes en su recorrido por los territorios de Honduras, El Salvador, Guatemala y México. No obstante, con la propuesta actual de Biden hay un cambio en la aplicación de las normas, orientándose ahora al trabajo de intervenir las causas que motivan tales migraciones.

En términos analíticos, y con base en un estudio de Kate Swanson y Rebecca Torres en 2016, es factible evidenciar una particularidad en el tema de la violencia que sufren los infantes migrantes. Ésta finalmente se “trans-nacionaliza”, impregnando las vidas de niños y niñas a través del tiempo y el espacio. Es decir, no solo se trata de visualizar cómo las políticas de carácter doméstico se van más allá de las fronteras de las naciones, sino que se precisa un acercamiento a una violencia que acompaña permanentemente a los pequeños migrantes, incluso, desde antes que empiece su peregrinaje. Estos luchan todo el tiempo con traficantes, cárteles, agentes fronterizos, así como situaciones que involucran aprehensión, custodia, detención y repatriación.

Infortunadamente, ante las condiciones en las que se encuentra una porción importante de la población infantil en México (fundamentalmente en las áreas rurales) y en muchos lugares de Centroamérica, se llega a una interpretación más amplia de la violencia que diseña su aceptación casi como condición inherente a la misma existencia de los niños y que, a la larga, se torna invisible.

Con base en Swanson y Torres (2016), se logra identificar también cómo las diversas posiciones de la ciudadanía estadounidense frente al tema de la migración resultan inapropiadas. Se precisa que muchos ciudadanos omiten la situación porque, de acuerdo con su criterio, los culpables están en otro lugar diferente a su territorio. Sin embargo, bien valdría la pena analizar hasta qué punto el conjunto de acciones e intervenciones estadounidenses en la región centroamericana, y latinoamericana en general, se convirtió en la fuente principal de la problemática migratoria que hoy se discute.

En definitiva, se ha percibido un enfoque dañino que procura eliminar responsabilidades y que facilita a un porcentaje importante de la población estadounidense desentenderse de un asunto que sus diversos gobiernos ayudaron a crear. Por tanto, la actitud, compromiso y liderazgo de la actual administración para atacar el problema en su punto de origen es, además de oportuna, intensamente necesaria. Además de ser la vía correcta para el reconocimiento y la corresponsabilidad.