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Candidato, ¿y lo internacional? (I)

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En medio del agite que representan las campañas electorales en la ruta hacia la casa de Nariño, llama la atención -otra vez- (como sucede cada cuatro años casi por norma), que los candidatos se ocupen por salirle al paso a las coyunturas domésticas, mientras evitan abordar los asuntos estructurales de las relaciones internacionales del país y, más importante aún, la construcción de una estrategia de política exterior que, de triunfar en la carrera electoral, pudieran poner en marcha como parte integral de su plan de desarrollo.

Solo en casos esporádicos se ha visto a algunos candidatos referirse a las coyunturas internacionales. Sin embargo, ni siquiera en tales casos se ha denotado claridad frente a lo que serían sus líneas estratégicas para la interacción con el conglomerado de actores presentes en la arena global.

Son varias las prioridades en materia internacional, y todas ameritan un análisis sobre cómo debieran abordarse para alcanzar resultados favorables. Sin embargo -por ahora-, solo dos asuntos se citan acá: en primer lugar, lo que atañe a la prolongación de la implementación del Acuerdo de Paz; y de otro lado, lo que supone enfrentar la dinámica migratoria del pueblo venezolano, que avanza hambriento y con ilusiones de encontrar soluciones a sus múltiples dificultades, originadas en un absurdo mandato dictatorial anquilosado en el siglo XX.

El tema de la implementación del acuerdo pactado entre las Farc y el Gobierno Nacional ha sido tan lento y traumático que uno de los aspectos centrales de la política exterior del país, no solo del futuro sino del presente, se liga con la necesidad de emprender un proceso de socialización internacional que clarifique el estado de cosas que hay en torno a ello.

A medida que transcurre el tiempo y se quedan sin implementar los asuntos pactados, el prestigio gubernamental se afecta ante sus pares alrededor del mundo. Las preguntas obligadas en los escenarios internacionales coinciden en indagar cómo avanza la construcción del supuesto nuevo país. Para infortunio estatal, las respuestas afloran en todas direcciones; la incertidumbre es muy alta, lo que a todas luces es dañino.

Claramente, el hecho de haber formalizado un acuerdo sin consenso, e incluso contrariando la voluntad popular (dado el resultado del plebiscito), pasó factura y dejó al gobierno en posición crítica ante la comunidad internacional. No ha sido suficiente tener a un premio Nobel de Paz liderando el proceso, y aún se indaga cómo es que existen colombianos que no están de acuerdo con lo pactado.

Hay un claro desconocimiento internacional sobre las cosas que pasan en Colombia. Por ello, corresponde a la institucionalidad poner en marcha una estrategia diplomática en la que se ocupe de unificar criterios y construya un mensaje útil para alcanzar respaldo de los actores internacionales que pueden ser útiles a este arduo proceso de implementación.

De otro lado, el tema migratorio de venezolanos hacia Colombia plantea la urgencia de diseñar medidas frente a la actual coyuntura, pero que incluso vayan más allá y faciliten la generación de una política migratoria útil a otras situaciones, dado que, con la falta de solidez institucional latinoamericana, no es descabellado pensar en otras situaciones futuras.

De ahí que, desde la estrategia de política exterior del Estado colombiano, no baste con diseñar (como existe) una política integral migratoria y afirmarla en el Documento Conpes 3603 de Política Integral Migratoria para la defensa de los intereses (y derechos) de los nacionales en el exterior, sino que además hay que incluir lineamientos clave que otorguen al Estado una posición clara frente a las posibles migraciones masivas futuras.

Esos son solo dos aspectos de los muchos que debe tener claro el candidato por el cual Usted está pensando votar. ¿Acaso le ha escuchado referirse a estos temas? En una próxima reflexión vendrán más.

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