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Analistas 26/10/2021

Blinken en Colombia

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor asociado de la Universidad Eafit

Se parte acá de uno de los supuestos más escuchados en las últimas horas, a raíz de la visita del Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, a Colombia (y Ecuador) en días pasados: señalan muchos que ahora si empiezan a enderezarse las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos, luego de los episodios que congelaron el diálogo en tiempos electorales en el Norte y todo eso de lo que ya se habló excesivamente semanas atrás. Sin embargo, aunque la visita puede ser un indicador de algo así, resulta ser bastante negativo encontrarse con que el contenido del mensaje que Blinken trajo a Colombia es algo que cientos de miles han repetido, pero que el Gobierno Nacional no ha querido escuchar.

La lista se hace extensa, pero habrá que insistir en algunos de esos aspectos tan elementales a ver si finalmente el presidente de Colombia lo entiende y avanza en la dirección correcta. Es una pena que, otra vez, tenga que ser un funcionario estadounidense el que venga a decir en Bogotá lo que debe hacerse, a ver si de esa manera funcionan mejor las cosas.

Lo primero, y tal vez más importante para lograr un real rumbo de pacificación, gira en torno a la correcta aplicación e implementación de lo que quedó pactado en el Acuerdo de Paz con las Farc. Independientemente de los acuerdos y desacuerdos eso quedó escrito y no hay marcha atrás que cumplir con lo negociado entre Estado y Farc. Ya no hay que desgastarse más evitando cumplir; máxime, a sabiendas que, por la naturaleza de la negociación, sino es Duque, será otro presidente el que llegue a cumplirlo. ¡Pero no tiene que ser Blinken el que venga a decirlo!

Como tampoco lo relativo a la rendición de cuentas y real transparencia en relación con las constantes (reiteradas) acusaciones contra la Fuerza Pública por la violación a los derechos humanos de cientos de ciudadanos que han querido reclamar por lo que tienen derecho, y que está escrito en la Constitución Política del país. Eso es algo que se sabe, y se ha sabido por años, y hay que operar en torno a tal realidad. Pero resulta lamentable que tenga que llegar un actor externo a decirlo como si fuese claro mandato desde Washington hacia Bogotá. Es algo que además de ser innecesario, desluce y refleja la miopía del gobierno nacional para entender la misma realidad de la nación que intenta administrar. También la Constitución tiene establecido cómo deben manejarse las relaciones internacionales latinoamericanas, de la misma manera que el Plan Nacional de Desarrollo lo plantea. En ambos textos, lo relativo a un enfoque regional coordinado, de responsabilidad compartida frente a temas como la migración, están claramente expuestos. Y esto, además de ocupar manifiestamente a Estados Unidos, tiene que ocupar a toda la región latinoamericana, fundamentalmente frente al tema específico de Venezuela. Por tanto, no debe actuarse porque sea un Secretario de Estado norteamericano el que lo sugiera.

Sin embargo, también las palabras del secretario Blinken hicieron que se pensara en temas que no necesariamente atañen a la relación entre Colombia y Estados Unidos, sino además a la misma maniobrabilidad en la región (América Latina), en relación con, por ejemplo, los temas ambientales. Aunque el Secretario de Estado no tendría por qué referirse a la posición adoptada por el Legislativo colombiano de no reconocimiento a la ratificación de la participación de Colombia en el Acuerdo de Escazú, es algo que ha dejado a Colombia muy mal parado, como Estado en el que se resta importancia a la protección de los derechos de los defensores ambientales.

Con este panorama es claro que no se necesita que Blinken llegue a Colombia a decir lo que ya se sabe hay que hacer. Antes que eso, se precisa compromiso político, abandono de la retórica y manos a la obra para lograr que el país realmente adopte un compromiso serio en cada una de las materias en las que hay deudas históricas.