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Padre e hijo lloraron al verse en el hospital psiquiátrico. 15 años tenía Ismael cuando tuvo que ver a su viejo nuevamente ingresado en ese cuarto acompañado de dos enfermeros que lo traían de una sesión de electrochoques. Aún aturdido, lo reconoció y el llanto fue la respuesta a su saludo. Durante un buen rato no podría hablar, le explicaron. Ismael vio en ese paciente tan cercano a él una imagen que podría ser su propio futuro. Aquella escena era en sí misma una pregunta frente a él.
¿Qué podía hacer para no terminar siendo como su padre? Habló con Dios. Le pidió que lo salvara, una mente diferente aunque no supiera cómo conseguirla. No tenía conocimientos, mentores y mucho menos una guía clara a esa edad. Tenía una idea. Si no empezaba a transformar su mente, ella podía terminar transformándose en lo que estaba viendo y él en alguien que no quería ser. Ismael comenzó a mirar con atención su propia mente desde entonces y muchos años después hablaría de la mente trampa. Esa forma de pensar que repite los miedos, alimenta las excusas y que convence de la incapacidad de alcanzar cosas grandes. También hablaría de la otra cara de la moneda. La mente trampolín capaz de utilizar hasta la adversidad como plataforma para crecer, pero que exige acción y atención.
La mente requiere observar qué pensamientos están dirigiendo la vida, reconocer cuando una experiencia pasada sigue condicionando una decisión presente y preguntar si eso que piensa todavía corresponde a la realidad actual. Esa es una visión crítica que se puede aplicar a la abundancia.
Más dinero, casas, carros, seguidores, cosas… es la idea que puede convertir la vida en un infierno donde el fuego que tortura es acumular algo que nunca parece suficiente, que no arde lo suficiente. Pero hay otra manera de entenderla.
La abundancia que comienza adentro. Que incluye paz, creatividad, salud, relaciones sanas, gratitud… una vida en la que prosperar tiene que ver también con sentirse pleno. Aquel adolescente no contaba con las respuestas pero se rebeló contra su mente para que ella no se atreviera a decidir por él.
La revolución de la abundancia, el manifiesto para reclamar tu parte del infinito, es parte del resultado de aquella imagen frente a la camilla. Es el libro de Ismael Cala en el que propone revisar la relación entre mente y prosperidad para descubrir una abundancia que comienza en la manera en que se piensa, se siente, se vive y se entiende lo que significa prosperar.
