Con tristeza los colombianos vieron las fotos de los terroristas de siempre, otra vez armados, después de pasearse por el Congreso, burlarse de la justicia y engañar la buena fe de no pocos compatriotas que creían en ellos. La falsa paz muestra de nuevo el conflicto en Colombia con bastantes complicaciones de fondo.

El país, desconfiado de la buena fe de la guerrilla, decidió votar no al plebiscito que ratificaba los acuerdos de paz, acuerdos que terminaron siendo concesiones, puesto que se les regalaron curules, impunidad y protección a cambio de muy poco, ya que el principal motor de dicho grupo terrorista era el narcotráfico y sus rutas permanecieron indemnes.

Aun así, se impuso el acuerdo; los terroristas se pavonearon por las instituciones, reclamaron puestos en el Congreso (con vergonzosas votaciones), continuaron traficando y lograron debilitar la institucionalidad colombiana, debilitamiento que corrió por cuenta de la JEP, las altas cortes y el propio gobierno al no querer intervenir en la evidente impunidad que se consolidó bajo este nuevo cuatrienio.

Hoy tenemos de nuevo una guerrilla armada, con sus mismos cabecillas al frente, fortalecida por el narcotráfico, sin zonas de aspersión aérea y ahora con representación en el Congreso, aunado a la desconfianza institucional que señalan las encuestas.

El pesimismo en el país va en aumento y la oposición, que es muy buena defendiendo el papel de las Farc y cruel juzgando a la policía y el ejército, está envalentonada frente a los bandazos que da el presidente Duque. Sin embargo, no es momento para mandar todo por la borda; lo fácil es hablar de constituyentes y nuevos gobiernos, pero lo correcto es rodear las instituciones y hoy, sin ganas pues los tiempos son difíciles, se debe exigir contundencia en la lucha contra el terrorismo, volver a acercar la ciudadanía con la fuerza pública, reclamar la tan apremiante reforma a la JEP y, si es posible, a la justicia, pedir austeridad en la burocracia del gobierno y con ella una guerra a la corrupción; es posible combatirla pero se necesita voluntad y herramientas. Ya es momento de dejar de huirle a las confrontaciones; el tiempo se agota y los peligros para la democracia van en aumento.

Según la última encuesta de Guarumo, el desempleo con 29% y la corrupción con 21%, figuran como preocupaciones por encima del covid. Ahí estarán las banderas de la campaña que se avecina junto con la guerrilla, hoy envalentonada.

¿Han sido perdidos estos años en la derrota del terrorismo? No, pero estamos en una situación peligrosa; la guerrilla aprovecha el cansancio y la crisis económica que vivimos; los comunistas, disfrazados de demócratas, buscarán culpar al gobierno de todos los males y la solución pasará únicamente por los colombianos que decidan el rumbo venidero. Pasó el encierro y los problemas salen de nuevo, agrandados, complicados y exigiendo una mano firme en el timón.