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Política de Estado

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José Ignacio López Director Ejecutivo Investigaciones Económicas en Corficolombiana

En América Latina, y Colombia no es la excepción, una de las principales grietas del sistema político ha sido la incapacidad de construir políticas de Estado que trasciendan diferentes gobiernos y que comprometan la sociedad civil. No solo en lo económico, sino también en lo político.

Colombia enfrenta hoy un inmenso reto, histórico si se quiere, debido a la transformación de Venezuela, nuestro principal vecino, en un Estado capturado por mafias de diversa índole. El actual gobierno, en medio de desaciertos, ha correctamente identificado y señalado lo grave de la situación. Más allá del riesgo de una posible confrontación militar, Colombia tendrá que sortear la difícil convivencia con un país fallido en lo económico y con una complejidad política extrema donde cohabitan el modelo Cubano, mafias locales, la guerrilla colombiana, grupos terroristas internacionales, y los intereses geopolíticos de Rusia y China.

Frente a semejante reto el país debería tener una política de Estado. El Gobierno se ha quedado corto en buscar un consenso interno sobre la amenaza que Venezuela representa para Colombia. Si bien este tema ha sido una de las banderas del presidente Duque, debería ser un asunto de Estado y no de Gobierno. El Gobierno debería crear un foro de expertos de diferentes ámbitos y corrientes políticas para discutir y analizar cómo será la convivencia con el régimen venezolano. La presunción de que Estados Unidos eventualmente se hará responsable de la situación, resulta en el contexto actual de un optimismo anacrónico, ya que está claro que la política estadounidense desde la llegada de Obama y ahora con Trump refleja una fatiga frente a los temas internacionales, en particular en lo militar. El reciente retiro de las tropas estadounidenses de Siria es un ejemplo más. Por esto resulta de la mayor importancia que Colombia se una frente a este tema y tenga una política de Estado al respecto.

El caso del informe que presentó el Presidente Duque en su intervención en Naciones Unidas nos muestra los lejos que estamos dicho objetivo. Las graves denuncias y la búsqueda de la solidaridad internacional que buscaba la intervención del Presidente, quedaron opacadas por el error de las fotografías. Los medios locales, que buscan sobrevivir a punta de escándalos la difícil coyuntura, dejaron de lado la discusión gruesa y de fondo para enfocarse exclusivamente en el descuido de las fotos. Un error de ortografía no solo arruinó el párrafo, sino el escrito. En la discusión local del informe no quedó nada, como si el error de las fotos fuera más relevante que la preocupante cubanización y cartelización de Venezuela con las implicaciones que esto va a tener sobre nuestro precario posconflicto.

El traspié del informe presentado en Naciones Unidas es inexcusable, pero lo es más la falta de unidad y apropiación de este tema, no solo en los medios sino en otros actores de la sociedad civil. Es necesario superar la actual polarización y reconocer la gravedad del asunto y el grado de amenaza para Colombia. El Gobierno, repito, está en mora de buscar una estrategia consensuada con la participación de expertos en la materia, los gremios, la academia, actores de la sociedad civil, entre otros. El reto no solo es económico, como lo fue una vez desapareció el mercado venezolano para nuestras exportaciones tradicionales, sino además de seguridad nacional.

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