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Analistas 01/09/2022

¿Petro (y no Boric) se deja engañar?

José Félix Cataño
Profesor de la Universidad Nacional de Colombia

Gustavo Petro, el jueves 24 de agosto, como presidente de Colombia, ni tuvo malicia ni escrúpulos, en firmar una declaración, promovida solemnemente por la oficina del presidente de Argentina Alberto Fernández para manifestar su profundo rechazo a la persecución judicial que presuntamente sufre la vicepresidencia de ese país, Cristina Kirchner, acusada por graves hechos de corrupción por los jueces ante los tribunales. En efecto, el fiscal Diego Luciani (a quien el presidente Fernández este jueves 24 pronosticó que podría suicidarse, así como ocurrió con el fiscal Niesman, aquel que se atrevió a acusar a la misma señora Kirchner por el caso del atentado iraní de hace unos años) terminó el lunes la lectura de los alegatos en la llamada juicio de la Vialidad, un expediente que investiga una presunta asociación ilícita creada por los Gobiernos kirchneristas para hacerse con parte del dinero de la obra pública.

La acusación considera que al frente de esa asociación estaba Cristina Kirchner, secundada por su ministro de Obras Públicas, Julio de Vido, y el secretario de la misma cartera, José López, todos estos hoy en las cárceles. En la base de la pirámide estuvo Lázaro Báez, un empleado de un simple banco que los Kirchner invitaron cuando obtuvieron la jefatura del Estado argentino a convertirse en empresario de la construcción para que recibiera 80% de las obras de infraestructura de contratada en toda la Argentina. Los jueces mostraron que los Kirchner, entre otras maniobras, alquilaban falsamente las alcobas de los hoteles sin que en ningún momento hubiera huéspedes en ellos y así recibían las cuotas corruptas de los contratos. Acusada de ser la jefa de la banda corrupta, durante 12 años de sus gobiernos, los jueces piden que ella pague una condena de 12 años de prisión.

La vicepresidenta respondió las acusaciones en una intervención espectacular en vivo por redes sociales desde su despacho en el Senado, que luego terminó con vítores de airados militantes peronistas. Dijo que el juicio que enfrenta es una “ficción” que busca atacar no a ella sino a todo el peronismo y que los verdaderos corruptos eran los parientes del expresidente Macri que también tenían negocios con los ministros que ella misma había nombrado. También afirmó que la pena de 12 años era para castigar los 12 años de los mejores gobiernos que ha tenido la Argentina. Nunca presentó pruebas de que ella era inocente, sino que sus argumentos conducen a dejar la idea de que como todos hemos sido corruptos y por tanto hoy no hay legitimidad en perseguirla.

A pesar de las evidencias fuertes que inculpan a la vicepresidenta de Argentina los presidentes de la más nítida orientación populista de Argentina, México, Bolivia y Colombia manifiestan el más firme respaldo a Cristina Fernández de Kirchner y afirman condenar rotundamente las estrategias de persecución judicial y acusaciones de corrupción para eliminar a los contrincantes políticos. Vale la pena recordar que son los mismos argumentos que la derecha colombiana ha enarbolado para defender a Álvaro Uribe y los mismos que los senadores Petro y Cepeda han denunciado con razón como maniobras inaceptables para defender un sospechoso, desprestigiando la justicia y socavando la separación de poderes en Colombia.

Es significativo que esta intervención sobre los asuntos políticos y jurídicos de un país es una posición que nunca estos mandatarios firmantes se atreven a levantar en el caso de Nicaragua, Cuba y Venezuela donde es palpable que muchos políticos han sido excluidos de sus oportunidades democráticas y que hoy están en el destierro o están en las cárceles infames sin pruebas reales.

Ya es sabido que cuando algún organismo internacional pide que se denuncie esta actitud de las dictaduras de la izquierda radical, López Obrador y los Fernández afirman que no puede intervenir en asuntos de otros países y, Petro, por su lado, para no tener que pronunciarse sobre la dictadura de Nicaragua, decide no ir a las reuniones que condenan la persecución contra los opositores políticos y la iglesia católica nicaragüense.

Gustavo Petro entonces, a diferencia de Boric de Chile (aquel que dijo que no defenderá ni los corruptos ni los dictadores cualesquiera que sean su ideología) y de Castillo en Perú (acusado hoy por 6 cargos de corrupción), se deja llevar por el subyugado y pusilánime presidente de Argentina (aquel mismo que había dicho diez años atrás que Cristina era corrupta y que ahora tiene como tarea principal conseguir la impunidad de su jefa política), del sibilino presidente de México, y del súbdito del oscuro Evo Morales, para firmar una declaración que ataca los jueces, la separación de poderes y establecen el sentimiento de que los presidentes populistas y autoritarios solo están tranquilos cuando controlan todas las esferas del Estado. ¿Uribismo y Petrismo, vuelven aquí a coincidir? ¿Esta es la doctrina que va imperar en Colombia? ¿Petro se aleja de socialdemocracia radical y juvenil de Boric para aceptar la seducción del populismo autocrático de López Obrador, los Kirchner y de Evo Morales y que estaba en el antiguo M-19? Por lo menos, este fantasma comienza a dar señales, aunque no lo encontramos en el programa victorioso del Pacto Histórico.

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