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Industria y devaluación

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Para Colombia, como la mayoría de países en la región, 2015 ha estado lleno de desafíos, principalmente por los cambios macroeconómicos que han afectado el desempeño de diversos sectores de la economía. En este sentido, en un país donde las ventas de crudo representaban más de la mitad de sus exportaciones y el 22% de los ingresos de la nación provenían del petróleo, el impacto generado en el primer  semestre es un déficit en la balanza comercial de más de $6 billones, generando una devaluación superior a 60% en el último año y una caída particularmente en el sector automotor de 12%, con disminuciones estimadas de 13% y 20% en el tercer y cuarto trimestre, respectivamente. 

Este escenario se convierte en un reto enorme, jamás vivido por la economía colombiana, que como empresarios e industriales debemos sortear si queremos mantener nuestros negocios generando valor para el país. La coyuntura con la situación del dólar cobra mayor relevancia para los fabricantes nacionales que habíamos sufrido una transformación en los últimos 15 años de revaluación, y que ahora debemos trabajar duro para buscar mayor competitividad a través del contenido local y así reducir el uso de divisas del país y a la vez generar trabajo y bienestar para los colombianos. Hace 59 años fuimos pioneros en la fabricación de vehículos en Colombia y hoy por hoy ese espíritu industrial se ha fortalecido con inversiones cercanas a US$200 millones en los últimos tres años en lo que hemos llamado la reconversión industrial de Colmotores.  Esta reconversión nos deja muy bien parados para esta coyuntura, aunque nos plantea un escenario diferente, en el que estamos buscando nuevas inversiones junto a nuestros proveedores para reforzar el modelo. 

Ahora bien, GM ha hecho y sigue trabajando en lo que entendemos como el cambio de un modelo productivo acorde a un escenario económico de apertura total. Sin embargo, es crítico que las políticas del Gobierno, que han avanzado enormemente en la definición de las políticas de comercio, se reinventen hacia la promoción industrial del país. Para mí, el término común de “política industrial” se puede resumir en que el Estado, como un todo, toma en cuenta la industria local como criterio primordial a la hora de tomar cualquier decisión en cualquier ámbito, anteponiendo los intereses de la industria al de otros sectores, eso sí, siempre dentro de las reglas de competencia y mercado abierto. En este sentido, conocemos prácticas desarrolladas por países que han logrado avances en desarrollo industrial muy grandes, como Corea, México, Brasil y otros asiáticos, en el que, por ejemplo, ofrecen cuotas de importación con cero arancel como un porcentaje de lo producido en el país, esto incentivando la complementación  de portafolio, factor clave en la industrialización en un mundo abierto, o la definición de políticas de importación de materias primas con cero arancel para empresas que transformen bienes así como incentivos tributarios para quienes inviertan en activos productivos.

Hoy, somos una de las cinco compañías industriales más importantes del país y estamos en el top 20 de las principales empresas en Colombia. Ese legado que hemos construido durante casi seis décadas, generando empleo calificado, tecnología y desarrollo económico y social para el país debe mantenerse, y es clave que Colombia se una en torno a este propósito y generemos un verdadero sentimiento de desarrollo industrial para seguir construyendo la nación que queremos.
 

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