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Prosperidad de las ciudades

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El viernes de la semana pasada ONU Habitat presentó los resultados del índice de prosperidad de las ciudades (IPC). La prosperidad se mide a través de 5 dimensiones: productividad, infraestructura, calidad de vida, equidad y sostenibilidad ambiental. Se trata, en palabras de ONU Habitat, de una “aproximación integral y holística a la medición del bien-estar colectivo de los residentes de las ciudades”.

El IPC transmite un mensaje de optimismo derivado de la conexión entre prosperidad y bien-estar colectivo. Detrás del índice subyace la convicción de que la ciudad mejora la prosperidad y el bien-estar (well-being), entendido de manera amplia. En lugar de formular una noción estrecha de bienestar (welfare), el IPC propone un horizonte amplio asociado a la noción de bien-estar. El vínculo entre prosperidad y bien-estar ayuda a captar la complejidad de las interacciones entre la ciudad y la calidad de vida de las personas. Las aglomeraciones favorecen el comportamiento de los individuos como agentes. Las tendencias intertemporales del IPC son favorables. En Colombia, las 23 ciudades analizadas mejoran su IPC entre 2010 y 2013. En todos los casos la tendencia es positiva.

La vida en la ciudad crea condiciones propicias para mejorar el bien-estar. De acuerdo con la información disponible, la calidad de vida en las ciudades es mejor que en el campo. Este resultado, que es contundente en el caso colombiano, también tiene validez en el panorama internacional. Diversos estudios han mostrado que en Colombia la brecha urbano/rural se ha ido ampliando porque los indicadores sociales avanzan más rápido en las ciudades que en el campo.

De acuerdo con los resultados del IPC, en 2013 las tres mejores ciudades del país fueron Bogotá (60,134), Medellín (58,127) y Bucaramanga (57,748). Y los tres de más bajo puntaje fueron Quibdó (36,651), Riohacha  (41,852) y Florencia (44,294). Las diferencias entre las ciudades ponen en evidencia el amplio margen de maniobra que tienen los gobiernos locales.

No obstante el mensaje positivo que se deriva del aumento del IPC, preocupa la falta de convergencia entre las ciudades. La distancia no parece disminuir a lo largo del tiempo. La brecha entre los extremos (Bogotá y Quibdó) se mantiene. Y las diferencias más notables se presentan en las dimensiones de productividad y sostenibilidad ambiental. Los logros en infraestructura también son muy heterogéneos. El nuevo plan de desarrollo debería retomar la preocupación por la convergencia que era explícita en el anterior plan de desarrollo, Prosperidad para Todos. A pesar de las declaraciones del plan sobre la importancia de la convergencia (intergeneracional, regional y social), los resultados indican que las brechas se mantienen. Para cambiar esta tendencia es indispensable que haya acciones explícitas del gobierno nacional en favor de las ciudades que están en las peores condiciones. Las ciudades que tienen los puntajes más bajos en el IPC necesitan un apoyo especial para colocarse en una senda de prosperidad sostenida.

Este nuevo índice de ONU Habitat es un excelente punto de partida para reflexionar de manera sistemática sobre los logros y los retos de las ciudades. Y también es un llamado para que se mejoren las estadísticas urbanas en el país. No basta con la discriminación por áreas metropolitanas. Este llamado también fue explícito en el informe de Planeación Nacional, Sistema de Ciudades de Colombia.

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