En estos días en los que abundan las falsas noticias, y en los que es difícil escudriñar la verdad, es importante destacar la labor técnica y cuidadosa que está realizando el Dane. Es la brújula que ha permitido conocer nuestra ubicación con bastante precisión.

Durante la pandemia su tarea ha sido especialmente útil. Una prueba ácida de la credibilidad del Dane, fue la publicación del Indicador de Seguimiento de la Economía (ISE). En abril la tasa de crecimiento anual fue de -20,1%. Nadie cuestionó la cifra. El debate giró alrededor de las explicaciones del resultado. Y las posiciones de los analistas estaban muy marcadas por su aceptación o rechazo de la cuarentena. Pero esta dato, sin precedentes en la historia del país, nunca se puso en duda.

Además de la dinámica de la economía, otro tema central es la calidad de vida. El Dane está revisando las líneas de pobreza. Ha sido un ejercicio cuidadoso, en el que he tenido la oportunidad de participar ad honorem. Los cambios son significativos porque la estructura de consumo de los hogares se modificó de manera radical entre las dos encuestas que miden el gasto, la de 2006/2007 y la de 2016/2017. El creciente peso que ha ido adquiriendo la vivienda llevó a una elevación del coeficiente de Orshansky, que es la relación entre el gasto total y el gasto en alimentos. La sociedad colombiana se ha urbanizado, y su nivel de consumo incluye cada vez más bienes diferentes a los alimentos. Esta tendencia eleva la línea de pobreza, haciendo que los estándares que definen la calidad de vida sean más exigentes.

La brújula no resuelve los problemas, pero es un instrumento absolutamente necesario para comenzar a entenderlos. En otros países la falta de mediciones ha sido muy perjudicial. Venezuela no tiene brújula, y en medio de la deriva no se sabe en dónde está. La inflación desbordada impide que exista una unidad monetaria comparable en el tiempo. Además, sus instituciones han perdido credibilidad por su falta de independencia frente al gobierno.

La fortaleza del Dane es su transparencia e independencia. Presenta los datos de manera directa, sin rodeos. El Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional le deberían aprender. Y tendrían que comenzar haciendo un manejo de la información con más cuidadoso. Estas entidades se han caracterizado por recurrir a la caja negra de los modelos sin dar las explicaciones necesarias.

Las proyecciones del Marco Fiscal de Mediano Plazo son el mejor ejemplo de la utilización de supuestos ideológicos que no se aclaran. Los resultados se presentan con la contundencia derivada del poder. Por arte de magia se dice, por ejemplo, que los menores impuestos favorecerán la inversión empresarial de manera sostenida a lo largo del tiempo. Este tipo de ejercicios es secundado por el DNP. Una de las cajas negras más misteriosas es la estimación de la llamada productividad total de los factores, que se utiliza cada año en la negociación del salario mínimo.

Es imposible conocer la forma como son maltratados los datos a través de laberínticas funciones de producción. Y la cifra final se lleva a la mesa de concertación como si fuera una verdad irrefutable.

Olvidan el Ministerio de Hacienda y el DNP que los modelos apenas son instrumentos metodológicos para empezar a conversar. Y no tienen más validez que la de una opinión, que puede ser más o menos informada.