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Todos trabajamos para todos

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De los discursos del Foro Económico Mundial 2018 en Davos, Suiza, en verdad sorprende que siga estando sobre la mesa el debate de nacionalismos. Es evidente para la mayoría de economistas que la globalización de mercados no sólo es una realidad, sino que ya está en un punto irreversible. Por supuesto que se pueden renegociar tratados de libre comercio, hay que tener en cuenta que convivimos con casos grandes y puntuales como el Brexit o el retiro de EE. UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

Alemania y Francia, líderes naturales de Europa y el G7, coincidieron en sus pronunciamientos haciendo votos en favor de ampliación y consolidación de los tratados que favorecen un comercio mundial mucho más globalizado. Otros países aplaudieron la iniciativa, principalmente intentando hacer un contrapeso al gran jugador mundial, Estados Unidos, que con la política de Trump va en contravía del resto del mercado. “America First” no cayó bien en los mercados asiáticos, por ejemplo, que en muchos casos siguen siendo sus proveedores naturales especialmente de fabricantes de China, Corea del Sur y Malasia.

En el caso de Argentina, el presidente Macri hizo un agrio balance del poder en manos de la izquierda en su país, y la forma como eso atrasó y los puso en una situación no solamente de default financiero ante acreedores internacionales, sino cerca de ser un estado económicamente inviable. “La Argentina dejó atrás su experimento populista”, afirmó el mandatario ayer antes de hacer un recorrido por los puntos positivos que él considera ha logrado su actual gobierno. Se refirió a la dramática reducción de la inflación en los últimos meses y que la competitividad y poder adquisitivo de los asalariados se ha recuperado. Si se suma el discurso de Macri a la realidad económica de Venezuela, en donde ya se proyecta una inflación de más de cinco dígitos, queda claro que un Estado manejado con ideas obsoletas de la época de la cortina de hierro puede colapsar en pocos años. Es increíble que en nuestro país haya candidatos que aún promocionan ese tipo de populismo, claramente demostrado que lleva al infierno financiero.

El ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas, participó en un Foro de Globalización, explicando tres propuestas para mitigar los impactos de la globalización en economías locales. Compensación a quienes pierden en el muy corto plazo, creación de nuevas oportunidades internacionales y trazar objetivos de desarrollo sostenibles de largo plazo. Por su parte el presidente Santos, en su última intervención como mandatario de nuestro país, continúa su estrategia de vender el posconflicto y la paz como grandes logros económicos a largo plazo para nuestra nación. Economistas del planeta entero copian fácilmente las ideas de Santos que son aborrecidas por algunos en nuestro país. Otro ingrediente del discurso colombiano en Davos es el de la lucha como víctimas contra los efectos del cambio climático, elemento que seguro va a generar ampollas dada la terca posición de Estados Unidos de querer ignorar esta realidad.

La conclusión del Foro, para mí, es que vamos a vivir un período de transición a nivel global mientras el mercado se acomoda a la reversa de Trump, mientras tanto los demás seguirán negociando y comerciando como un torneo de fútbol: todos con todos y todos contra todos. De eso se trata la economía, diría alguien de la academia. Todos trabajamos para todos, la forma más lógica y eficiente de crecer globalmente.

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