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Analistas 21/07/2023

Por la puerta de atrás

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La renuncia de Irene Vélez al Ministerio de Minas y Energía se venía cocinando desde el mismo día en que se posesionó. Como se documentó ampliamente, no estaba preparada para el cargo, ni para dialogar con la prensa y mucho menos para tomar decisiones ante los problemas de la matriz energética que tiene el país. Los escándalos de las últimas semanas se sumaron a la incapacidad técnica para dirigir un despacho estratégico para los intereses de Colombia. Violar la ley por un viaje de su hijo fuera del país, demuestra que, al igual que muchos funcionarios de todos los colores políticos, creen que mientras están en un cargo público las leyes y las normas no son para ellos. Les parece “normal” evadir las reglas, tal vez porque están embriagados con la presencia permanente de escoltas, micrófonos de los medios, lagartos de la política y empresas privadas pidiendo permanentes citas y reuniones. Aplica igual para Laura Sarabia. Igual que el caso de la exministra y medallista olímpica María Isabel Urrutia. Tener miles de millones en dinero en efectivo dentro de maletines en su hogar y firmar documentos con clausulas ilegales hace parte de la misma bolsa. Al momento de la toma de decisiones, al parecer, no piensan en que pueden estar cometido delitos. Una vez salen del poder, es cuando se dan cuenta que desaparecen los escoltas, nadie las llama de los medios y las citas que eran tan urgentes ya no se necesitan.

El daño que hicieron Vélez, Sarabia y Urrutia a la lucha femenina de décadas es incalculable. Otros ejemplos de episodios similares también sucedieron en gobiernos anteriores como Karen Abudinen o Cecilia Álvarez-Correa. Ejemplos que muestran que no por ser mujer hay una garantía para los ciudadanos y menos un blindaje jurídico. A nivel internacional Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff demostraron lo mismo en las presidencias de Argentina y Brasil. Miles de mujeres en el mundo que vienen preparándose y luchando por igualdad salarial y de oportunidades, observan estos ejemplos de manzanas podridas como una bofetada en la cara. La obligatoriedad de incluir mujeres en ternas y ese tipo de ideas forzadas, se desvirtúan cuando aparecen exóticos fenómenos como Irene Vélez, que le dan la razón a quienes están en contra de los movimientos femeninos.

Para el cierre agridulce de su despedida, dos episodios que aumentan el sabor a gastritis de toda su gestión. En primer lugar, la falta de criterio del señor Hildebrando Vélez que salió públicamente a hablar bien de los logros de su hija en la época del colegio, y otros reconocimientos que no tienen nada que ver con la función ministerial. Ya empieza uno a entender de dónde viene toda la disfuncionalidad cerebral de la exministra, el texto de su propio padre deja en evidencia un mal ejemplo sostenido que quién sabe cuántos años derivó en su daño cerebral ampliamente comprobado. En segundo lugar el extenso texto de la carta de renuncia es prácticamente una confesión de su incapacidad para dirigir la cartera. Trinó al final: “Nadie dijo que el cambio sería fácil”. Yo creo que los cambios pueden ser fáciles, por ejemplo, si comenzamos por cumplir la ley. Algo tan obvio, pero que a algunos miembros del este gobierno les cuesta trabajo entender. Amarga despedida de Irene por la puerta de atrás.

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