Analistas

Los ricos tampoco lloran

Me tomé unos días para revisar el texto de Proyecto de Reforma Tributaria presentado por el Gobierno ante el Congreso. En el proyecto se percibe un esfuerzo del gobierno por hacer la reforma equitativa, que disminuya la evasión y aumente el recaudo. En el sentido amplio de la palabra, no se imponen nuevos tributos. Una reforma de este tipo necesariamente toca el bolsillo de muchas personas que antes no tributaban, y en teoría, obliga a aumentar el pago de quienes ya lo hacían. El Senador Jorge Enrique Robledo afirmó que la Reforma pondría a pagar “más a los pobres y menos a las grandes multinacionales y grupos empresariales”. No es completamente acertado su análisis aunque tampoco está completamente equivocado. Al estudiar las proyecciones, las cifras indicarían que en lugar de equidad se promueve todo lo contrario.

El Proyecto acierta al gravar las rentas más altas, pues en los artículos 260-16 y 260-18 se observa que mientras más alta es la renta líquida gravable, el correspondiente gravamen aplicado crece a una tasa más alta. El punto crítico está es en el monto donde se comienza a gravar la renta para calcular el llamado impuesto mínimo alternativo nacional (Iman), estipulada en 31.2 millones anuales. Como está diseñado el Iman, en muchos casos, aparentemente se desconocerían deducciones existentes que la ley le otorga como beneficio tributario al trabajador. Cabe preguntarse entonces, si es equitativo un proyecto que considera que en la mayoría de personas naturales asalariadas, es donde está la inequidad tributaria.

Otro aspecto discutible del proyecto es la disminución del impuesto a las utilidades, así como la financiación de los aportes al Sena e Icbf. En cualquier caso, el efecto neto es que la financiación de los parafiscales y la cotización a salud van con cargo al presupuesto nacional. Este beneficio a las empresas, en contraste con el Iman, parecen objetivos que riñen con la equidad.

Se debe revisar el Régimen de Precios de Transferencia, pues el artículo 78 del proyecto repite gran parte el artículo 77, eliminando la obligación de presentar documentación comprobatoria. Esto es el eje central del régimen de precios de transferencia para fiscalizar. Es posible que con el texto presentado, el estado pierda poder de auditoria sobre los costos de las multinacionales. Este punto es delicado pues el Director de la DIAN, actualmente viene haciendo un importante trabajo en ese nivel. Eso perjudicaría la competencia, ya que las empresas colombianas difícilmente usan precios de transferencia.

Considero que esa reforma incentiva al comerciante, pero aun tiene errores técnicos, y el texto final podría terminar siendo nocivo para las personas naturales. No es práctica, ya que genera múltiples cálculos de renta liquida para conocer la base del impuesto.  Se están generando diferentes grupos de contribuyentes de IVA: cuatrimestral, bimestral y anual. Este esperpento puede llevar a un mismo contribuyente en 6 años a llegar a 3 esquemas de obligaciones. Por otra parte a los grandes empresarios que adquieren bienes de capital les crea el beneficio de tomar ese IVA como un descuento tributario en la declaración de renta.

La transmisión televisada, con gráficas y apuntador, que hizo el Presidente deja algunas reflexiones. En el Congreso el trámite del proyecto va a ser doloroso y lleno de discusiones bizantinas. Santos no es el mejor en habilidades de pedagogía y ahora el Gobierno deberá hacer un mejor esfuerzo para explicarle al país las bondades, pues poco de lo que hay en el proyecto concuerda con lo que en su momento expresó como la reforma que “haría chillar a los ricos”. Tal como está formulado el proyecto, es la clase media la que sufrirá de verdad y a los ricos, si acaso, les tocará contratar mejores contadores. Otro punto a favor de Robledo, ya que las grandes empresas buscarán siempre la manera de minimizar sus utilidades y pagar menos impuestos.

Ñapa: Los canales de televisión en este país son de propiedad de los mismos dueños de empresas embotelladoras de bebidas. Algunos congresistas que estudian el impuesto a las bebidas (cervezas y gaseosas) le han hecho saber a los lobbystas, que están descontentos con manejos periodísticos que los canales de televisión les dan en los noticieros. La pelea que se viene no es de poca monta.