Analistas

“Desarme de los medios”

El reconocido periodista colombiano Javier Darío Restrepo hace pocos años fue invitado a dictar una conferencia sobre el papel del periodismo dentro de una sociedad, en el marco de un taller organizado por la Fundación Universo de Ecuador. Restrepo, con más de 55 años de experiencia en los medios, profesor universitario y columnista respetado, presentó ese día ante su audiencia, lo que él autodenominó un decálogo del buen periodista. La dispositiva final de su charla es sencillamente alucinante:

“Todo periodista debe Ser un líder social, ser buena persona, ser un lector empedernido, ser recto y audaz, ser capcioso y ágil, ser curioso, tener ojo crítico, ser investigador, ser sobrio al redactar y ser humilde”

El miércoles pasado, horas antes del importante anuncio entre el Gobierno y la guerrilla desde La Habana, el periodista bogotano Ricardo Ospina de la cadena Blu Radio, lanzó en su Twitter personal @ricarospina la siguiente pregunta a sus seguidores: “¿Cuál es el primer recuerdo que usted tiene de la violencia en Colombia?”. Las decenas de respuestas que originó este ejercicio digital de Ospina fueron el inicio del necesario proceso de contextualización y análisis que los ciudadanos esperan de nosotros, los que hoy tenemos la inmejorable oportunidad histórica de trabajar en los medios de comunicación durante la agitada coyuntura.

Para todos los colegas que están al frente de un micrófono, cámara al aire o una pluma en medios tradicionales, y aquellos que tienen únicamente sus canales digitales activos, es el momento de apegarnos al decálogo de Javier Darío. No es momento del ego, de intereses personales, políticos ni comerciales. Es la hora de estar a la altura de la expectativa que nuestros oyentes, televidentes, lectores y seguidores de redes sociales nos van a exigir.

Ojalá nos den palo porque el periodismo colombiano se lo tiene merecido. La tensión verbal y polarización que ha vivido el país no es exclusiva de la confrontación Santos vs. Uribe que ha llevado a Colombia al estancamiento mental en un desesperante equilibrio de Nash. Los grandes líderes de opinión de los medios y algunas “vacas sagradas” se han encargado de distorsionar la realidad de los colombianos sistemáticamente. Ya llegó la hora, amigos del periodismo, de la autocrítica de verdad y de dejar de titular con el deseo, de invitar a los mismos supuestos expertos en política y de llevarle a nuestras audiencias el tema actual, que es el plebiscito, con niveles de profundidad, análisis y contexto que exige la sociedad.

Bienvenida, por ejemplo, la relectura del libro de reconciliación de Claudia Palacios de Canal Capital, las columnas de Héctor Abad, los debates de Hora20 y otras emisoras, las crónicas de Mauricio Gómez en CM&, los programas de opinión en canales abiertos, regionales y de televisión cerrada, los columnistas de periódicos regionales, los relevantes mensajes de críticos al proceso, los escépticos y también de los optimistas. Todas las voces son válidas, siempre y cuando vayan de acuerdo al decálogo. Mesura, paciencia, lectura, seriedad, equilibrio, análisis histórico, comparativo, emocional sin ser irracional y una adecuada dosis de múltiples puntos de vista. La directora de RCN la Radio, Yolanda Ruiz, hizo esta semana un importante editorial en vídeo al explicarles a sus oyentes la presencia de un invitado al aire. Ojalá haya más explicaciones de ese estilo. 

Que los padres de familia se lean los acuerdos y le expliquen a sus hijos pequeños y adolescentes la decisión de votar si, o no, con argumentos sólidos. Para que las familias colombianas logren entender todo lo acordado, nosotros en la prensa estamos llamados a ser más rigurosos y metódicos que nunca. No olvidemos que aquí la labor es comunicar y que el nuevo país espera esta responsabilidad. No la vayamos a embarrar en esta. Como dijo Richard Kapuscinski: “El deber del periodista es informar, no promover el odio o la arrogancia”.