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Tesla: siguiendo el modelo “Apple” en cuatro ruedas

En Febrero de 2004, Elon Musk, uno de los fundadores de PayPal y en ese entonces, CEO de la compañía SpaceX, lideró una ronda de inversión y se convirtió en el Presidente de la Junta directiva de Tesla Motors. Un par de años más tarde, formuló a través de una entrada en el blog de la compañía lo que llamo su “plan maestro”. Este plan, una versión escueta y simple de lo que otros llamarían la visión o la estrategia de la empresa estaba compuesto de tres iniciativas a ser ejecutadas de manera secuencial a través del tiempo. 

El primer paso era la construcción de un auto deportivo que funcionara 100% con electricidad y que estuviera a la par de vehículos tradicionales de esa categoría como los de Porsche o Ferrari. En 2008, Tesla Motors lanzó dicho vehículo al mercado (con un precio base de superior a los US$100.000 americanos) y aunque la cantidad de autos producidos fue mínima, la respuesta del mercado (y la crisis financiera del 2008) hizo que Musk decidiera dedicarle más tiempo a la firma y se convirtiera en su CEO. 

El segundo paso del “plan maestro” de Musk, consistía en usar lo aprendido durante la ejecución de la primera iniciativa, así como el dinero obtenido con la venta del auto deportivo para seguir perfeccionando la tecnología y financiar el desarrollo de un automóvil familiar de cuatro puertas que costara la mitad del deportivo. 

La meta se logró en 2012 con el lanzamiento del Modelo S y el anuncio de una variante del mismo en formato camioneta.  La última etapa del plan de Musk era aún más simple: usar todo el dinero producido para seguir investigando y producir automóviles más baratos. Finalmente, hace unas semanas con el anuncio del Model 3, cuyo precio comienza en los US$35.000, lo que muchos consideraron una locura en 2004, se ha vuelto realidad. 

En paralelo al éxito comercial y al impresionante desarrollo tecnológico que ha logrado Tesla Motors, la compañía y sus productos han empezado a generar una corriente de seguidores y una especia de culto a la marca comparable solo a lo que nos acostumbró Apple desde el lanzamiento de sus computadores personales, los reproductores de audio iPod y los teléfonos móviles iPhone. 

El ejemplo más claro y fehaciente de la potencial disrupción que Tesla Motors puede generar en el modelo de negocios de la industria automotriz, en mi opinión es el hecho que el Model 3 es un vehículo que no estará disponible en el mercado hasta finales de 2017. Aun así, durante la semana siguiente al 31 de marzo, fecha en que fue anunciado, las filas de potenciales compradores no se hicieron esperar y compañía recibió más de 300.000 reservaciones, cada una de ellas soportada por un depósito de US$1.000, lo que potencialmente generaría cerca de US$14.000 millones en ingresos para la compañía cuando los vehículos sean entregados. El aporte de liquidez que generan los US$300 millones provenientes de los depósitos va a ser fundamental para ayudarle a la compañía, al menos parcialmente, a fondear el resto del desarrollo y la producción inicial. 

Debido a las limitaciones intrínsecas de los vehículos eléctricos en términos de infraestructura de soporte a nivel global, particularmente en países en desarrollo, es difícil pensar que en la próxima década, Tesla Motors pudiera llegar a una participación de mercado que haga mella en gigantes de la industria como Ford, Fiat, Daimler, Toyota o General Motors, quienes han dejado de ignorar la posible amenaza de la empresa americana. Lo que sí es claro es que ha generado y seguirá generando sacudones en la industria y acelerará la salida al mercado de más vehículos con características ecológicas. 

Al igual que cuando se anunció su iPhone en 2007, hoy podemos estar viviendo un punto de inflexión en el mundo de los automóviles eléctricos, en términos de su democratización. Queda la duda de si Tesla logrará cambiar la tendencia del comprador tradicional, de primero escoger una marca antes de un automóvil, la cual siempre beneficiará a los grandes fabricantes.