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Tabletas en el aula: sólo una parte de la solución

En los últimos 20 años, la evolución de los equipos de cómputo ha sido vertiginosa, pasando de los grandes computadores de escritorio a dispositivos más pequeños con mejor desempeño y con posibilidad de acceso a internet. Uno de esos dispositivos, introducido al mercado por la firma Apple es la “tableta”, un híbrido entre un potente computador portátil y un teléfono inteligente, donde todo se ejecuta y funciona a través de la pantalla táctil. Las tabletas son un dispositivo ideal para consumir contenidos digitales como música, videos y libros. 

 
Debido al éxito de los primeros modelos, se ha presentado una proliferación de productos de diferentes tamaños y especificaciones, alcanzando precios muy inferiores a los de un computador portátil o de escritorio. El factor precio principalmente, ha despertado el interés del sector educativo, ya que estos dispositivos son de fácil introducción en escuelas y colegios y son vistos como una manera eficiente de modernizar el proceso educativo.  La incorporación de estos dispositivos en las aulas debería tomarse con mayor precaución, siendo conscientes que una simple pieza de “hardware” de bajo costo no necesariamente es la mejor manera de traer la tecnología al salón de clase. 
 
Las bondades de las tabletas están claras y todos los fabricantes de las mismas se han gastado millones de dólares en convencernos de ellas. Es evidente que las nuevas generaciones de niños que crecen dentro de un ambiente donde las tabletas son uno de los primeros dispositivos electrónicos disponibles y en muchos casos el primer contacto con el internet, van a tener mayor facilidad a la hora de interactuar con computadores y otros dispositivos electrónicos. Cualquier dispositivo móvil que libera de ataduras al estudiante y al que tiene acceso continuo tiene un beneficio potencial  sobre  una  tecnología  fija,  con  limitaciones  de  tiempo  y espacio. No sólo cambia la relación de espacio, sino también el comportamiento del usuario y hábitos de uso. Por otro lado, la utilización de una tableta para reemplazar un número  de  libros  de  texto  que  los  estudiantes  deben movilizar cotidianamente en sus mochilas, contribuye efectivamente en los aspectos preventivos de la salud física de los estudiantes al igual que facilita que los contenidos se mantengan actualizados.
 
Desde un punto de vista crítico y un poco tradicional, el uso intensivo de tabletas y computadores en el aula puede perjudicar el aprendizaje y el desarrollo de habilidades como la escritura, una de las principales habilidades que los alumnos deben aprender y una que se fragua “escribiendo”. De la misma manera el hecho de que las tabletas se hayan diseñado principalmente para consumo de contenidos puede hacer que el estudiante deje a un lado el desarrollo de sus habilidades creativas y se centre en el trabajo y la manipulación de elementos existentes. El hecho de que las tabletas se destacan en el uso y no en la producción de contenidos, parece ser contradictorio con respecto a un modelo de educación moderno donde se busca incentivar la creatividad.
 
El problema potencial más grande que pudiera generar la introducción de cualquier tecnología en el salón de clase, es la falta de formación del profesorado y la necesidad de transformar los currículos para que se adapten a un nuevo medio de difusión de la información. Es por eso que se requiere que no solamente los ministerios de tecnología se involucren en la introducción de este tipo de dispositivos en el aula, sino que los ministerios de educación sigan apostando de manera coordinada a la formación del profesorado, facilitando a los docentes la parte pedagógica, los recursos metodológicos y didácticos necesarios para que puedan aprovechar todo el potencial de las TIC dentro del aula.