Analistas 31/10/2020

SPACs: la nueva moda

En el ámbito financiero, la mayoría de los vehículos de inversión llevan mucho tiempo de inventados y se siguen usando de manera general en diversas industrias. De vez en cuando alguno de esos instrumentos se pone de moda y empieza a causar polémica, como fue el caso de los derivados de deuda y de riego (CDO y CDS) a los que se les culpa por la crisis financiera de 2008. En la mayoría de los casos, de la mano de promesas de alta rentabilidad y supuesto bajo riesgo, estos productos atraen a inversionistas institucionales e individuales.

En los últimos meses este fenómeno parece estar sucediendo otra vez según lo refleja el incremento en la aparición de las llamadas empresas de propósito adquisitivo especial (SPAC, por sus siglas en inglés), también conocidas como firmas de “cheque en blanco”, las cuales están teniendo un año récord en un Wall Street dominado por la incertidumbre asociada a la pandemia del covid-19 y a las elecciones en Estados Unidos. Aunque parezca contradictorio, en un momento donde las economías de todo el mundo están sufriendo a causa de los efectos del coronavirus, cualquier nueva fuente de financiamiento, genera valor y es recibida con los brazos abiertos.

En lo que va corrido de 2020, estas compañías que se crean y se lanzan sin más objetivo que salir a cotizar en la bolsa para luego fusionarse con otras empresas ya sean “start-ups” o negocios maduros con potencial de crecimiento, ya han recaudado más de US$60.000 millones brutos en Estados Unidos, casi cinco veces el volumen logrado en todo 2019.

El fusionarse o ser adquirido por una SPAC le permite a una compañía que tenga buenas proyecciones de crecimiento, salir al mercado en una transacción con más certidumbre, con una valoración conocida y con el soporte de inversionistas privados que además de dinero ofrecen apoyo técnico y operativo.

La ventaja de este tipo de activo para el inversionista minorista es que le permite acceder a un producto similar a los llamados “Private Equity”, género que históricamente ha estado reservado para inversores institucionales o jugadores especializados en el sector y que han ofrecido grandes retornos en la última década a lo largo y ancho del mundo financiero.

Muchas compañías en diferentes sectores de la industria, pero particularmente en el sector de tecnología, que levantaron millones de dólares en inversión privada por varios años y que habían considerado salir a la bolsa de la manera tradicional haciendo una OPA (IPO en inglés) están considerando seriamente la idea de dejarse comprar o fusionarse con una SPAC.

Las SPACs se han vuelto tan populares que pareciera que toda persona con suficiente nombre, fama o reputación en el mundo de los negocios, deportes e incluso de la farándula está asociado con alguna, desde Richard Branson, cuya compañía Virgin Galactic se fusionó hace poco con una SPAC y quien recientemente anunció que está montando una propia con más de US$460 millones de capital hasta el basquetbolista Shaquille O’Neal.

Y como sabemos que en el sector financiero todo lo que brilla no es necesariamente oro, entre los expertos en mercados de capital también ya se empiezan a escuchar a muchos críticos que temen que las empresas que cotizan en bolsa a través de SPACs no reciben el mismo escrutinio que las salidas a bolsa tradicionales, lo que genera mayores riesgos para los inversionistas.