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Analistas 30/05/2020

Movilidad y regreso a la normalidad

Javier Villamizar
Managing Director

La pandemia del covid-19 ha puesto en evidencia la necesidad de ajustar diversos aspectos de la vida cotidiana con el fin de evitar el contagio y permitir un regreso ordenado a la normalidad. Los gobiernos han actuado de manera rápida estableciendo medidas y exigiendo procesos y protocolos de bioseguridad para permitir la reapertura de restaurantes, salones de belleza y otros servicios que estuvieron cerrados durante los periodos de cuarentena.

Un tema que presenta una complejidad adicional es el de los sistemas de transporte público masivo, los cuales representan un elemento crítico de la infraestructura de operación de las ciudades al permitir a trabajadores y ciudadanos del común desplazarse entre lugares de trabajo y residencia de manera eficiente.

Considerando que la implementación de las cuarentenas, el distanciamiento social y el correspondiente cambio de comportamiento de los usuarios, generó una caída de la demanda de viajes que en la mayoría de casos superó 80% y que las medidas de reapertura pretenden limitar la capacidad por debajo de 40% de la nominal, las implicaciones a largo plazo para los sistemas de transporte público de la situación que el mundo está viviendo hoy debido al covid-19 son todavía muy complejas y difíciles de predecir.

Desde el punto de vista de la salud pública, es innegable que los buses y trenes son excelentes medios de propagación de las infecciones y al mismo tiempo son espacios donde la implementación del distanciamiento social y los protocolos de bioseguridad es extremadamente difícil. Un estudio reciente del “Institute for Transportation & Development Policiy” ha resaltado la importancia de la movilidad compartida y a la micro-movilidad en el contexto del coronavirus.

Para ellos, estos servicios de transporte no-tradicional son importantes para complementar la capacidad de recuperación general de una ciudad, ya sea ante una pandemia global, tormentas severas, o mala calidad del aire, fenómenos a los cuales las ciudades seguirán enfrentándose y tendrán que perseverar ante las interrupciones que ellos generen.

Para mantener las ciudades en movimiento, en momentos donde es prioritario para cuidar la salud de los ciudadanos, descargar los sistemas de transporte público masivo, se necesita que todas las opciones de transporte estén disponibles: buses, metros, trenes ligeros, taxis compartidos, “ride-sharing” y cualquier solución de micro-movilidad como bicicletas o patinetas.

Ya sea con la subvención de bicicletas como lo están haciendo en España, Italia y el Reino Unido o con la habilitación de plataformas de “ride-sharing” dentro de un marco regulatorio que incluya protocolos de higiene, la agilidad de los gobiernos para permitir y promover estos sistemas de transporte alternativo se ha convertido en un tema crítico directamente correlacionado con las políticas de salud pública que se vienen implementando para la reapertura.

La pandemia ha causado muchos estragos en diferentes aspectos de la sociedad y al mismo tiempo nos ha dado la oportunidad de asumir una mentalidad de apertura a los cambios, de tener disposición a aceptar modificaciones en nuestras rutinas y estilo de vida y de alguna manera ha abierto la puerta para que los gobiernos actúen de manera expedita y audaz planteando cambios que ayuden a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y aminoren el efecto a largo plazo que el covid-19 tendrá en las personas y economías del mundo.