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El principio ‘Apple’ o el fin de la intermediación

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La palabra “desintermediación” todavía no ha sido adoptada por la Real Academia Española, pero no debería estar lejos de correr la misma suerte de otros términos relativos a la tecnología que se han popularizado en uso y luego de varios años terminan siendo parte del vocabulario cotidiano y luego del diccionario. El término se refiere a la desaparición de los intermediarios, personas o instituciones cuyo modelo de negocio está fundamentado en aprovechar la desconexión entre usuarios o consumidores y organizaciones que ofrecen un producto o servicio. El intermediario se inserta en la cadena de valor aprovechando la falta de capacidad de usuarios para establecer una interlocución directa con quien presta los servicios y hace usufructo de la ineficiencia del sistema de distribución. 

Apple, mas allá de ser una empresa líder en innovación de productos tanto de hardware como de software, pareciera haber enfocado sus esfuerzos hacia la eliminación total de los intermediarios en cualquiera de los negocios donde ha puesto sus tentáculos. Desde el lanzamiento del iPod en los años noventa y de su plataforma iTunes, por medio de los cuales comenzó a establecer una relación directa con los consumidores de contenidos musicales y con el paso del tiempo desplazó a las tiendas y puso de rodillas a los sellos disqueros. 

La última jugada del gigante de Cupertino es una evidencia más de su afán por  volver la desintermediación, su modus operandi para hacer negocios y generar disrupción en cualquiera de las industrias donde quiere hacerse a un lugar y a corto o largo plazo dominar no necesariamente en términos de participación de mercado, sino capturando la mayor cantidad de ganancias disponibles para los participantes del mismo. El pasado 20 de Octubre, dentro de un evento donde se lanzaron las nuevas iteraciones de la famosa tableta iPad y sin mayores bombos ni platillos, ni mayores detalles sobre los términos económicos de su negociación con los operadores móviles, Apple lanzó una variante del iPad que incluye una tarjeta SIM en su interior, que a diferencia de las utilizadas en el pasado, es controlada por la misma compañía fabricante del hardware. Los compradores de estos dispositivos se encuentran al encenderlo con un menú donde pueden seleccionar la red del operador móvil sobre la cual quieren navegar. Esta selección se puede variar en cualquier momento y Apple se reserva el derecho de agregar o remover prestadores de servicio a su antojo.  Esta nueva modalidad de operación transforma uno de los conceptos tradicionales de la telefonía móvil, la tarjeta SIM, una herramienta de control y un mecanismo que establecía la relación del operador con el suscriptor, su identidad y de alguna manera un lazo entre ellos.

De la misma manera en que Apple introdujo tarjetas SIM de tamaños reducidos como una estrategia para diferenciarse de otros fabricantes y disminuir el tamaño físico de sus dispositivos, la llegada de la ‘Apple SIM’ representa un golpe a la mandíbula de los operadores móviles que abre la puerta a que se puedan contratar datos por días, semanas o meses, y cambiar automáticamente a un operador que tenga mejor oferta, así como a la desaparición del concepto de roaming, ya que los usuarios tendrán la posibilidad de contratar una tarifa de un operador local en cada país que visitan, poniendo en marcha, de facto, una auténtica plataforma para que los operadoras compitan agresivamente entre sí.  El reto mas grande que Apple enfrenta es mantener el crecimiento de su negocio de “hardware” ya que es cada día mas difícil convencer al usuario de actualizar su dispositivo móvil porque las mejoras de los mismos son menos significativas. El hecho de lograr remover al operador móvil de la ecuación pareciera ser un primer paso para volverlos indistinguibles y reducirlos a ser apenas meros suministradores de conectividad, mientras se desarrolla un modelo similar al que hace muchos años implantaron los fabricantes de automóviles en mercados como Estados Unidos, gracias a la figura del ‘lease’, donde el vehículo o en el caso de Apple, el dispositivo móvil más que ser un activo que se compra, se vuelve un servicio al cual nos suscribimos pagando una mensualidad. Un servicio que conjugado con otros como el streaming de audio y video y el acceso a aplicaciones, remueven al operador móvil de la cadena de valor.

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