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Hasta hace muy poco la compañía americana Robinhood, detrás de una aplicación que permite hacer operaciones bursátiles a bajo precio, sin comisiones, era considerada una de las fintechs con mayor potencial de crecimiento y en un camino acelerado hacia su salida a cotizar en bolsa. La popularidad de esta plataforma de inversión enfocada al consumidor “de a pie”, convertida en una de las más populares del planeta por la forma en que democratizó el sector, se disparó durante los momentos mas críticos de la pandemia del covid-19. Robinhood, al igual que aplicaciones como Zoom y Netflix, entre otras, se convirtió en el pasatiempo favorito de mucha gente que recuperó tiempo libre gracias a las cuarentenas y al trabajo remoto.
Los fundadores de Robinhood son Vladimir Tenev de 33 años y Baiju Bhatt de 35, dos estadounidenses de origen búlgaro e indio respectivamente que crearon la compañía en 2013 con un modelo de negocios al siguiendo la fórmula de Facebook: gratis, fácil de usar y con potencial de generar adicción, con el lema: “democratizar las finanzas para todos”. Al principio de la pandemia, Robinhood ya había recaudado casi US$1.000 millones de famosos inversionistas de capital de riesgo como Sequoia y Andreessen Horowitz, con una valoración que superaba los US$8.000 millones, contando con mas de 500 empleados y cerca a 7 millones de usuarios.
Para finales de 2020 se estima que Robinhood habría llegado a 13 millones de usuarios alcanzando ingresos de mas de US$700 millones. Sus ingresos provienen de cuatro fuentes principales: intereses devengados sobre los saldos de efectivo de los clientes (al igual que cualquier banco tradicional), la venta de información de órdenes de venta a empresas financieras, los préstamos de margen y las comisiones que reciben de parte de empresas llamadas “market makers” que le pagan por el derecho de manejar el flujo de sus pedidos de compra y venta de acciones.
El lado oscuro de Robinhood, y lo que nos recuerda precisamente el caso de Facebook, es el hecho de que la compañía vende la información referente a las transacciones de pequeños inversionistas a grandes empresas financieras y particularmente a fondos de cobertura (“hedge funds”) que utilizan algoritmos sofisticados sobre estos datos para adelantarse al mercado y mejorar sus retornos. Algunos piensan que en su afán de democratización del mercado bursátil han creado un instrumento que a diario engaña a toda una generación usuarios poco sofisticados haciéndoles creer que negociar con acciones, opciones y otros complejos instrumentos financieros es tan fácil como subir de nivel en un videojuego.
Hace unos días Robinhood sufrió la “tormenta perfecta” y pasó de ser la plataforma que acercaba a novatos a las grandes ligas de “Wall Street” a convertirse en el peor enemigo de muchos de sus mismos clientes, cuando tuvo que restringir la compra y venta de algunas acciones que estaban siendo impulsadas por conversaciones virales en foros y redes sociales. De la noche a la mañana la plataforma se volvió el blanco de fuertes críticas que aducían que estos movimientos estaban encaminados a proteger a grandes fondos en detrimento de los pequeños inversionistas. Como ha pasado con las redes sociales y los buscadores de internet, los reguladores tendrán una vez mas que salir del rezago que los caracteriza en temas donde la tecnología toma la delantera e intervenir antes de que haya mas víctimas.
El gobierno decidió acabar su financiación de Colfuturo, una entidad que por más de 30 años brindó a más de 25,000 colombianos la oportunidad de estudiar posgrados en el exterior. Decidieron hacerlo en el momento en que como país necesitamos mirar hacia afuera
En términos de urgencia, la prioridad debe ser la asignación de nueva capacidad que no tiene un límite intrínseco diferente al costo de expansión del sistema, perfectamente gestionable con planeación y señales económicas claras
En fin el Año Nuevo es esa fiesta global en la que todos juegan a creer que tenemos un botón mágico para asegurar que se van a cumplir los deseos