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Autoempleo: la “uberización” de la economía productiva

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Hace unos días, The New Yorker publicó un controversial cortometraje de llamado “Turking for a Living”, el cual se ha diseminado de forma viral en la red y ha servido el propósito de educar a muchos sobre una de las formas de “autoempleo” que ha venido ganando seguidores desde hace varios años . Los “Turkers”, cuyo nombre está inspirado en un célebre (y falso) autómata del siglo XVII, invencible en el juego del ajedrez, llevan siendo utilizados por Amazon, el gigante del comercio electrónico, como una herramienta interna para detectar duplicados en las descripciones de sus páginas y otras tareas difíciles de automatizar y que requieren cierto nivel de inteligencia. Con el paso del tiempo, Amazon decidió convertir esta herramienta en un servicio al que tiene acceso cualquier empresa o particular que requiera la ejecución de pequeñas tareas que pueden ser relativamente simples para un ser humano y al mismo tiempo difíciles para un computador. Para la ejecución del servicio, Amazon ha reclutado una enorme red de trabajadores remotos no especializados, que están dispuestos a realizar en su tiempo libre estas tareas en su mayoría repetitivas y tediosas por unos pocos centavos. Este ejército de “turcos”, está compuesto por jóvenes saludables y con cierto nivel de formación académica que lo ven como un simple pasatiempo, mezclados con adultos desempleados, personas con condiciones médicas o movilidad limitada, ex convictos que no logran obtener un trabajo formal debido a  sus antecedentes, etc.

El modelo de negocio, de una forma u otra explota la necesidad económica de una fuerza laborar sub-utilizada ofreciéndole a sus participantes una alternativa de ingresos. Este tipo de empleo ha existido siempre, aunque en el pasado haya estado asociado con profesiones u oficios como los fotógrafos, diseñadores gráficos, creativos, animadores o programadores, a los que nos hemos referido tradicionalmente como “freelance“. Estos trabajadores autónomos, que actúan por cuenta propia y que ofrecen sus servicios profesionales a terceros a cambio de una remuneración por la prestación de dichos servicios, hoy en día, gracias a la tecnología del internet, tienen la posibilidad de ampliar su mercado y de manejar su tiempo de manera flexible.

Uber es un ejemplo más de este modelo laboral donde un algoritmo y una plataforma de información, permiten que prestadores de servicio y personas necesitadas se encuentren de manera segura y establezcan una relación comercial segura. Al tiempo que Uber sigue creciendo a nivel mundial, siguen apareciendo compañías que imitan su modelo de negocio en otras industrias. Un caso interesante es el de “iCracked” , una empresa que paradójicamente deriva sus beneficios de la desgracia de los demás. La empresa fundada en 2012 por A.J. Forsythe, un intrépido emprendedor de 22 años se especializa en la reparación de los teléfonos móviles iPhone de Apple, con una nómina fija de menos de 50 personas y una plataforma tecnológica que conecta a los usuarios necesitados de una reparación con una red de miles de técnicos “freelance” que son ubicados geográficamente en la proximidad del necesitado y en cuestión de minutos realizan las reparaciones necesarias a domicilio.

La “uberización” del empleo continúa expandiéndose tratando de resolver los problemas comunes de los consumidores, como lo demuestra el éxito de plataformas como “care.com” y “shuddle.com” que resuelven de manera eficiente y económica la necesidad de conseguir ayuda doméstica, de atención a los enfermos o a personas de la tercera edad, de servicios de “niñera” o servicios de transporte para niños en edad escolar. Lo que no se puede perder de vista es que para que este tipo de transformaciones culturales sean exitosas en el largo plazo,  es crucial que se cree una cultura apropiada dentro de las plataformas, donde haya normas claras que protejan al usuario y que garanticen un servicio consistente, lo cual solo se puede lograr si los operadores de dichas plataformas implementan sistemas adecuados de control de calidad en la prestación de sus servicios, algo difícil pero no imposible cuando no existe una relación patrono-empleador formal. 

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