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Y los millennials… ¿Qué? (II)

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Conversando estos días con amigos y colegas sobre el artículo de la semana anterior, salieron a la palestra una serie de temas que han dado pie a esta columna.

Al parecer, en muchas universidades se está poniendo de moda “meter el gusanillo” a los alumnos para que enfoquen su carrera profesional por el lado del emprendimiento. El argumento que aducen para ello, de manera generalizada y simplista, es que emprender es la única manera de ser disruptivo, de hacer cosas diferentes e innovadoras y de contribuir a hacer un mundo mejor. Esos argumentos me parezcan absolutamente “peregrinos” y sinceramente no creo que sea la mejor manera de contribuir al desarrollo profesional de las personas. ¿Por qué?

• No todas las personas tienen el ADN o talante que se requiere para ser emprendedores. Es una habilidad que está al alcance de muy pocos

• Ser emprendedor exige un nivel de constancia, responsabilidad, trabajo, claridad mental, inteligencia …, que puede chocar con lo que puedan pensar ciertas personas; los denominados millennials 1.0, que basan su filosofía de vida laboral en la inmediatez, poca paciencia y puro capricho. Demanda mucho SACRIFIO. ¿Estarán dispuestos?

• ¿Quién ha dicho que en una empresa “normal” no se pueda ser disruptivo, innovador? Hay miles de ejemplos de compañías con decenas de años en el mercado que han sido capaces de reinventarse, adaptarse e incluso adelantarse a la realidad cambiante en la que estamos inmersos. Hay que dejar de lado “los clichés” de que solo las denominadas “start ups” son capaces de innovar y que deben ser el feudo “natural” de los millennials. Sin duda que hay multitud de “star ups” que son realmente magníficas y dignas de admiración, pero hay muchas más que se han quedado en el camino. De esas no se habla. No aparecen en las revistas de economía o en las páginas “salmón” de los periódicos. Pero como diría aquel, “haberlas, haylas” y ¡muchas!

• ¿Se han parado a pensar que una gran parte de las personas que llegaron a ser emprendedores de éxito y marcar el camino del progreso en ciertos sectores, empezaron trabajando en empresas más o menos “convencionales? ¿Se han parado a pensar que es muy probable que su experiencia en esas empresas les haya ayudado a posteriormente ser exitosos en sus emprendimientos? ¿Es posible que en estas empresas aprendieran a convertir una gran idea en un gran proyecto/negocio? Las ideas suelen ser magníficas, otra cosa es hacerlas viables en todos los sentidos

• ¿Quién puede asegurar que trabajando de manera organizada, con procesos, en un ambiente de trabajo en equipo, con gente entusiasta (también los hay en organizaciones al uso), no se ayuda a que la gente potencie la capacidad para trabajar “out of the box”?

• ¿Hay alguien que pueda asegurar que en una gran parte de esas organizaciones no haya un componente social en su ADN que busque contribuir a un mundo mejor? ¿Es también algo exclusivo de las “nuevas empresas”?

Estas son algunas razones que me hacen concluir que no hay nada mejor que pasar por una organización establecida antes de convertirse en un potencial emprendedor con ciertas garantías de éxito. Incluso, puede servir para darnos cuenta de que no tenemos ese ADN o que puedo desarrollarme personal y profesionalmente trabajando “por cuenta ajena” y ser disruptivo-innovador-diferente y, además, ¡muy feliz!

Pensemos y no prejuzguemos de manera tan simple.

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