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Las transmisiones de los partidos de la Copa Mundial Fifa están cargadas de datos, desde conocer la distancia, velocidad y giro del balón en un remate, pasando por la distancia y el mapa de calor de los recorridos de cada jugador, hasta la visión milimétrica de la posición de los jugadores en las jugadas de fuera de juego, verbigracia, el gol anulado al colombiano Davinson Sánchez en el partido contra Portugal.
Detrás de esa información hay una arquitectura de sensores, cámaras y algoritmos que convierten lo que ocurre en la cancha en datos en tiempo real. Uno de los elementos más interesantes de esta arquitectura está en el balón oficial del Mundial 2026: el Adidas Trionda, desarrollado por Adidas en colaboración con la compañía de tecnología Kinexon. El corazón del Trionda es una unidad de medición inercial, conocida como IMU por sus siglas en inglés.
Esta unidad combina sensores como acelerómetros y giroscopios para detectar aceleraciones, impactos y cambios bruscos de movimiento.
En una jugada de fuera de juego, por ejemplo, no basta con saber dónde estaba el atacante. También es necesario identificar con precisión el momento en que el pasador tocó el balón. Ahí la IMU del balón aporta una señal crítica: ayuda a precisar el instante del golpeo.
Esta información se suma a los sistemas de seguimiento óptico. Así, se pueden apoyar decisiones relacionadas con fueras de juego, posibles manos, desvíos, dobles contactos o jugadas donde el contacto con el balón no es evidente a simple vista. La decisión final sigue siendo humana, pero la conversación ya no parte solamente de lo que alguien alcanzó a ver, sino de datos capturados en el momento exacto en que ocurrió el evento.
Además, los sistemas de visión ayudan a generar estadísticas en tiempo real a partir del seguimiento visual de jugadores y eventos del partido. Estos sistemas permiten alimentar datos como mapas de calor, número de pases, distancia recorrida, zonas de ocupación y patrones de ubicación en el campo.
También hay datos que no vienen del balón, sino de los jugadores. Los chalecos que muchos futbolistas usan debajo de la camiseta hacen parte de los Epts (Electronic Performance and Tracking Systems), o sistemas electrónicos de rendimiento y seguimiento.
Estos dispositivos pueden incorporar GPS y otros sensores para medir posición, velocidad, aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección, distancia recorrida y variables relacionadas con la carga física del jugador.
Toda esta información se integra en Fifa Football Data Platform, donde equipos y analistas pueden consultar datos estructurados de cada partido para evaluar el desempeño de jugadores y equipos, identificar patrones de juego y tomar mejores decisiones técnicas.
En las empresas solemos subestimar esos datos que parecen pequeños o invisibles. Los vemos como detalles operativos, como ruido del proceso o como información difícil de capturar.
Sin embargo, la Copa Mundial nos recuerda algo importante: cuando la competencia es estrecha, las grandes diferencias suelen estar escondidas en pequeños datos. La pregunta es si en nuestras empresas ya sabemos cuáles son esos datos invisibles que podrían ayudarnos a mejorar la competitividad, o si todavía seguimos tomando decisiones solo con lo que alcanzamos a ver.