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Unidos por la rentabilidad

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“Unidos por la rentabilidad del caficultor” fue el lema del pasado congreso cafetero, basado en la petición de los grandes y medianos productores quienes cada día ven más amenazado su negocio, por la falta de rentabilidad.

Increíble, cuando 2015 es el año de mayor producción – alcanzando 14 millones de sacos- la más alta en los últimos veinte años, con devaluación de 50% y un ingreso de los cafeteros de más de $6 billones. 

Para cualquier observador este es un panorama de bonanza. Sin embargo, existen razones estructurales que llevan a menor rentabilidad en el modelo de explotación capitalista de la caficultura, originadas en el tamaño de la finca y en que ya no se presenta abundancia de mano de obra como en el pasado. 

Pero continúa siendo un gran negocio para un productor eficiente con más de 20 cargas (30 sacos) por hectárea; se gana $5.000.000, equivalente a una rentabilidad de 30% sobre ventas y de 15% sobre patrimonio. Extraordinaria rentabilidad, pero ya no es garantía para que un productor de 20 hectáreas pueda vivir cómodamente, como lo hacía cuando la rentabilidad era superior a 50%. Por lo tanto, para este tipo de empresario cafetero, el problema es de tamaño.

Adicionalmente, existe un problema insoluble, estructural, como lo es la escasez de mano de obra, que obedece a la mayor educación y al progreso de nuevas generaciones que no están dispuestas a alquilar su mano de obra de manera transitoria y sin garantías de un empleo formal; por lo tanto, esa variable, para los medianos y grandes, es la que gravita sobre la rentabilidad.

Mientras tanto, un campesino eficiente, con tres hectáreas cultivadas, genera ingresos netos sin ningún problema de $30 millones por año. Es decir cuatro salarios mínimos mensuales, con vivienda gratis en la misma finca. Por esta razón se incrementa permanentemente la pequeña caficultura.

En consecuencia, el verdadero reto de la Federación de Cafeteros es aumentar la productividad de 16,8 sacos por hectárea a 30. Esa es la forma de obtener -con la misma tierra y mano de obra- el doble de ingreso para el pequeño campesino que trabaja la tierra. Ya muchos lo han logrado. Se requiere revisar el modelo de asistencia técnica para convertir a estas familias en cultivadores eficientes, controlando todos los días vía internet sus labores -como lo hace un gran productor- de manera que se logre aumentar la productividad , el ingreso y garantizar permanencia, sostenibilidad y futuro.

Las variedades existen. El paquete tecnológico está probado y la comercialización garantizada. La tasa de cambio hace sostenible la actividad frente a un precio internacional que refleja un mercado mundial creciendo pero en equilibrio.

Los fertilizantes, que no son el mayor costo en el café, obedecen a la tasa de cambio, la misma que ayuda en el precio de venta, y obtener un costo eficiente es un objetivo que se logra con mucha oferta, pero no necesariamente con las entidades estatales importando de manera ineficaz y desacertada.

Por lo tanto, el problema de fondo es de productividad de los pequeños. Los 7.800 caficultores medianos y grandes obtienen una buena rentabilidad, pero se enfrentan a un problema estructural de tamaño y mano de obra. Si la economía familiar demanda más de lo que se produce, no es un problema de rentabilidad del negocio.

Nota: A algunos dirigentes gremiales les sucede con el censo rural lo mismo que a ciertas damas, que no son capaces de mirarse al espejo sin maquillaje. 
 

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