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PSF

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Permanencia Sostenibilidad y Futuro, PSF fue la denominación que Gabriel Silva le dio al programa de renovación de cafetales envejecidos de pequeños propietarios, uno de los programas más revolucionarios de la caficultura colombiana en los últimos años.

 
Fue propuesto al gobierno en noviembre de 2007 como la forma de sacar de la pobreza a los propietarios de más de 300.000 hectáreas que en ese momento tenían cafetales envejecidos con más de 12 años, y poseían menos de 5 hectáreas en café.
 
El ejercicio era simple. El cafetal viejo producía 3 cargas (30 arrobas) de café por hectárea al año, que a precios de hoy valen $2.100.000. Al renovar el cafetal con variedad resistente y aumentar la densidad de árboles por hectárea, se multiplica el ingreso entre cinco y siete veces, con la misma tierra y la mano de obra del campesino propietario. Su ingreso aumenta en esa hectárea entre $10 y $15 millones año, según la eficiencia y el juicio de ese productor.
 
Adicionalmente, al pasar los cultivos a variedad Castillo, se obtiene un grano de mayor tamaño y peso, pasando de 1.8 gramos a 2.2 gramos, que le representa al campesino un  ingreso adicional, al llevar el producto al mercado y recibir un reconocimiento en precio por la calidad. Hoy en los programas de Café Especial hay 162.000 pequeños productores inscritos, que trabajando con estas variedades garantizan la PERMANENCIA de su actividad productiva, y una forma de vida que no les ofrece otra actividad en el campo. La forma más segura y rápida para salir de la pobreza en el campo cafetero.
 
Colombia no ha valorado lo que representa, a valor presente el resultado alcanzado por Cenicafe al desarrollar una variedad que aumenta el 20 % el peso del grano y su tamaño, el 15 % adicional de producción por árbol, y en número de granos por tener las ramas más largas, y además resistente a la roya.
 
El PSF además garantiza el FUTURO para un pequeño campesino con un programa que le ofrece una renovación de su cafetal financiado, garantizado y subsidiado. Lo diseñamos como un préstamo a 7 años, con 3 años de gracia para el pago del capital, con un Incentivo a la Capitalización Rural – ICR del 40% y con intereses pagados por el Fondo Nacional del Café, para los créditos otorgados en los tres primeros años. Adicionalmente estas obligaciones contaban con la garantía de crédito del Fondo Agropecuario de Garantías y del Fondo de Garantías Cafeteras por el 100 % de su valor, única forma de que la banca entrara con entusiasmo y sin miedo al riesgo.
 
Los flujos de ingresos estimados a  precios de hoy suman $70.000.000 en el ciclo productivo de 7 años, con una producción de 100 cargas (1.000 arrobas) antes de la primera renovación, recursos que son suficientes para un crédito de $6.000.000 por hectárea renovada, que recibe un ICR de $2.400.000. Es decir, el productor solo pagará $3.600.000 distribuidos en cinco cuotas.
 
A este excelente programa se han vinculado 186.000 pequeños productores, renovando 156.000 hectáreas con variedades resistentes, que deben llegar a producir más de tres millones de sacos. La masiva participación demuestra que los pequeños cafeteros creen en el café, que les garantiza PERMANENCIA, SOSTENIBILIDAD Y FUTURO. Con los bancos que han participado logramos estructurar un sistema de trámite de los créditos nunca antes visto como ejecución de un gremio, sin la participación de sucursales bancarias, transfiriendo los recursos por medio de la Cédula Cafetera Inteligente.
 
En el PSF, los alcaldes de los municipios apoyan a los caficultores con recursos para la preparación de los semilleros comunitarios, porque están seguros de lo que significa un municipio con campesinos propietarios, aumentando la productividad y su ingreso.
 
Lo increíble son las manifestaciones de uno de los grandes productores cuando afirma que “el último gran error de los programas de la Federación fue un intento de reconstruir 300.000 hectáreas abandonadas, subsidiando, en una actividad no rentable y que los campesinos no van a pagar”. Descalifica y menosprecia la capacidad y el empuje de los pequeños cafeteros, cuando las cifras son contundentes, y la cartera presenta índices de calidad mejores que el del promedio de la banca, porque estos pequeños productores son excelentes pagadores, honran sus obligaciones por convicción y saben muy bien que el acceso al crédito es su principal activo.
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