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Fertilizantes para el café

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Una de las quejas más reiteradas de los cafeteros ha sido el precio de los fertilizantes, por considerarlo un insumo básico de la actividad, que representa aproximadamente 10 % del precio de venta del grano.

 
Solicitan el control de precios del producto, señalan de monopolio a la industria y consideran que el gremio debe hacer importaciones, a lo que en muchas oportunidades se ha unido el señor Ministro de Agricultura, con una posición insular en el Gobierno, que como política  defiende la libertad de mercado incluida la del café.
 
El comportamiento de los precios de los fertilizantes para bien de todos, registra una disminución de 10% de enero a la fecha, y de 50 % con relación al año 2008 cuando la úrea llegó a $2.000.000 por tonelada en el mercado nacional.
 
Esta disminución nos demuestra que la caficultura se ha lucrado de la libertad de mercado y es el único beneficio que recoge de la revaluación. Muchos sectores se defienden de este fenómeno incorporando cada día más insumos importados a su canasta de insumos, pero en el café es el  único relevante que se puede importar.
 
Los argumentos de los peticionarios se destruyen, porque el Gobierno redujo a cero el arancel y los excluyó del pago del IVA. De esta manera es un mercado completamente libre, en el que los productores nacionales compiten con lo importado y los agricultores cuentan con una oferta abundante y se benefician de la competencia.
 
Controlar los precios sería un error, por cuanto inmediatamente, muchos de los oferentes y sus redes de comercio se retirarían del mercado y se perdería el beneficio de la libre competencia, que traslada al consumidor nacional los cambios en el precio internacional automáticamente.
 
La importación de los fertilizantes por el mismo gremio fue una práctica que se abandonó desde 1992, con malos recuerdos de transferencia de subsidios a otros cultivos para lo que muchos productores se prestaban. De otro lado, el costo de transacciones, almacenamiento, riesgo de precio y tasa de cambio, que asumía el Fondo Nacional del Café, hoy lo asumen los múltiples comerciantes que ofrecen el producto, como parte de su negocio. 
 
Precisamente lo que necesitamos es, más libertad, más importadores y productores, más redes internas de comercialización y más oferta.
 
La ayuda más eficaz que se puede dar por parte del Gobierno a los productores, cuando el fertilizante represente más de 10 % del ingreso, bien sea por aumento del precio del insumo o disminución del precio del café, sería otorgando un subsidio a la demanda. En el 2009 implementamos el Fertiyá, que consistía en un subsidio de 20 % del valor de la factura de compra en cualquier establecimiento de comercio, que este le reportaba a la Federación para proceder a depositar el dinero en la cédula cafetera del agricultor. Desde luego, y para evitar desvíos, el caficultor previamente obtenía del agrónomo de la FNC la certificación de sus necesidades máximas requeridas para atender su cafetal, sobre las que solicitaba el subsidio. Esta oportunidad se puede aprovechar inclusive, para exigir al cafetero actualizar anualmente el estudio de suelos, para que el producto que aplique sea realmente lo que necesita la tierra.
 
No podemos pretender los cafeteros que se congelen los insumos mientras el precio de venta del grano y el de la recolección son libres. Si el Gobierno acogiera la petición, tendría la autoridad para congelar la de toda la actividad cafetera, tanto ingresos como egresos. Por ejemplo, entraría a congelar el precio interno del café como sucedió hasta el año 2000, cuando había que negociar el aumento del precio al cafetero para incorporar el incremento del mercado internacional. No creo que este sea el deseo de los productores; por lo tanto, debemos aceptar que es tan legítima la libertad de mercado de los cafeteros, como la de los proveedores y clientes.
 
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