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Diálogo cafetero

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El anuncio de nuevo paro cafetero nos invita a reflexionar sobre la importancia del diálogo cafetero, entre los cafeteros, dentro de la institución, para llegar a un acuerdo sobre la problemática fundamental de la caficultura y plantear al Gobierno sus necesidades, en caso de requerir ayuda del Estado.

 
La Federación Nacional de Cafeteros siempre ha contado con contradictores, natural en un gremio económico de alto contenido social y con actividad en más de 500 municipios.
 
El movimiento que ha ejercido ese papel, inició actividades en la bonanza de 1975 con el nombre de Aprocafé, liderado por Fernando Londoño Londoño, Fabio Trujillo Agudelo y Jorge Enrique Robledo, quien hacía su primera aparición en este tema como dirigente del Moir. La discusión era sobre cómo se debía repartir la bonanza. Posteriormente se convirtió en Unidad Cafetera y luego en Salvación Agropecuaria, lucha agraria que llevó por primera vez al senador Robledo al Congreso. Sin duda es el Senador un especialista en temas cafeteros y en temas agrarios, ha escrito libros sobre café y nunca ha abandonado sus convicciones sobre lo que él considera debe ser este cultivo.
 
Al no poder abrir la puerta del diálogo, muchos cafeteros que no se sienten representados por la FNC y sus comités departamentales, encontraron en este movimiento político identidad y un medio para tramitar sus inquietudes. Este grupo se fortaleció cuando en la marcha de agosto del año pasado en Manizales, aparecieron a acompañar al senador Robledo, a Gutiérrez y a Suárez y los demás líderes, los congresistas de la Unidad Nacional, quienes finalmente se convirtieron en el vehículo para que el Gobierno los escuchara con más interés.
 
Al mismo tiempo en la Federación de Cafeteros continuaron en su posición de no dialogar con los cafeteros que buscaron otro camino para ser escuchados en sus planteamientos adversos y radicales, y estos aprovecharon que los recursos para el subsidio ya no provienen del Fondo Nacional del Café sino del presupuesto nacional y la disposición del gobierno a dialogar, como es natural en una democracia en la que todos los sectores de la sociedad opinan sobre los recursos públicos.
 
Después que el Gobierno negociara con los dos sectores se llegó a un arreglo generoso asignando la suma de $900.000 millones, y que hoy representa el 25% del ingreso por cada carga de café vendida. Sin embargo, los líderes de Dignidad Cafetera consideran que por no llegar ese 25% al bolsillo del cafetero el mismo día, sino en cuatro días, necesarios para verificar y depositarlo en su cuenta, constituye, a su juicio, un incumplimiento de lo pactado. Nadie rechaza un regalo porque llega cuatro días después, salvo que exista un interés oculto por desmontar los trazos que reporta el actual sistema de pago y que busca es evitar la desviación del subsidio.
 
También reclaman que el subsidio no ha llegado a 250.000 cafeteros, sin aceptar que absolutamente toda la producción, desde octubre del año pasado a la fecha, ha recibido subsidio. Esto se explica por el trueque entre los pequeños productores y los comerciantes en algunos pueblos alejados, quienes entregan al caficultor el mercado y los insumos anticipadamente, para recibir el pago en café durante la cosecha. También puede ser la hora de verificar si existen los 550.000 productores, que facilitaría esta discusión.
 
Cuando el pasado 3 de julio Dignidad Cafetera resolvió convocar un paro el 19 de agosto y, al evaluar lo que los cafeteros han recibido, se puede concluir fácilmente que en cualquier escenario los dirigentes de todas maneras van a realizar el paro y que pueden ser infructuosos los esfuerzos del ministro de agricultura por darles gusto, dado que el  interés de los dirigentes con aspiraciones políticas es utilizarlo como un trampolín para sus próximas campañas a los cuerpos colegiados.
 
En este orden de ideas solo falta pedirles a los cafeteros que no le generen más malestar a un país que siempre los ha apreciado. El no hacer presencia en el paro puede ser una muestra de su gratitud con una Nación que les ha tendido la mano en un momento de crisis y les ha reconocido siempre como ejemplo de trabajo y dedicación para otros sectores agrícolas. 
 
Los orientadores del paro, conocidos políticos, tienen el legítimo derecho de aspirar a cuerpos colegiados, pero por respeto a los cafeteros deberían cesar en utilizarlos para su propósito.
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