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El señor gerente de la Federación de Cafeteros planeó dejar la firma del contrato de administración del Fondo Nacional del Café, para la última hora de la vigencia del actual, como última hora del gobierno, como lo demuestran todos los hechos.
Fue evidente como convirtió en un sacrilegio hablar de este tema al interior del gremio, tal como me lo ratificaron los líderes cada vez que escribí sobre el tema en el último año, tradicionalmente el periodo considerado apenas suficiente para negociar por otros diez años.
Nunca en la historia cafetera un gerente se había atrevido a enfrentarse a un Presidente de la República, máxime cuando este contrato contempla su condición de servidor público. La estrategia se vio clara cuando, apenas hace poco más de un mes solicitó formalmente al gobierno la renovación -e inició a partir del 30 de mayo- una ofensiva con líderes de opinión y políticos, promocionando las bondades del instrumento, acorralando al gobierno y acusándolo de negarse a renovar a los cafeteros lo que es de ellos.
Simultáneamente, a través de declaraciones y mensajes el gerente ratificó su hostilidad, que culminó con la invitación a José Manuel Restrepo para sesión del comité directivo el pasado jueves.
De otro lado, el martes 9 de junio el señor ministro de hacienda lo convocó a su despacho para entregarle el texto del contrato que estaban dispuestos a firmar, con las modificaciones que consideraban convenientes y que fueron respondidas por el gerente en un documento entregado al ministerio el 16 de junio.
Pero lo más peligroso es que hasta el momento de escribir esta columna, ni el Comité Directivo, ni los delegados al congreso cafetero -máxima autoridad del gremio- conocen los textos. Este es un hecho gravísimo por cuanto desconoce la autoridad de los órganos directivos y la opinión del gremio, que aporta los recursos y ejecuta el contrato.
Como lo advertí en análisis anterior, estaban jugando a que el gobierno le ponía “un toma y dame” a última hora, aspirando a modificarlo en caso de la elección de Abelardo De La Espriella, en lo que parece ganador. Sin embargo, fue una irresponsabilidad arriesgar el contrato dejándolo para última hora, con un presidente que se presumía no lo dejaría pasar impunemente. Según Espinosa en Caracol y ratificado por Juan Camilo Restrepo, el contrato no será renovado y, además, rechazó a la Fiduprevisora como posible destinataria de esa misión, ratificando que es el asesor que conoce el contenido del documento.
Ese trauma en lo financiero, contable, jurídico, económico y de prestigio sólo tiene como culpable al gerente, que ha actuado a espaldas del Comité Directivo y del gremio. De la misma manera el Comité -como máximo órgano de administración- deberá asumir los desastres, en lo legal, penal y pecuniario, porque son elegidos por el Congreso Cafetero para actuar como órgano de administración, y en caso de delegar funciones, para nada los releva de su responsabilidad. El gobierno elegido debería exigir que para firmar el nuevo contrato se acredite que ha sido conocido y aprobado por mayoría de los miembros del Comité Directivo.
No descartar que también los 90 delegados al Congreso Cafetero lo conozcan, inclusive si es del caso convocar una reunión extraordinaria para lo que está facultado el señor ministro de hacienda, en caso de que el gerente se resista, como hasta ahora ha demostrado al ocultarles la propuesta del gobierno y la respuesta que el entregó sin debate ni consulta.
Este será el mes más crítico de la historia institucional, que dejará muchas reflexiones sobre lo que no se debe hacer, porque el gerente se nombra para trabajar armónicamente con los gobiernos y ejecutar una política pública, no para confrontarlos de acuerdo con su propio criterio y ambiciones políticas.
Finalmente, la responsabilidad de este desastre recae en ambos protagonistas. De una parte, vivimos cuatro años con la arrogancia de un presidente que desprecia la Federación y de la otra, un gerente incapaz de renunciar a sus vanidades y plegarse a la institucionalidad democrática del gremio, la cual desconoce con toda impunidad.
Pues bien, resulta que este registro administrativo cuenta una historia diferente. En el año terminado el pasado mes de febrero (último disponible), el número de cotizantes cayó 1,2%: unas 159.000 personas menos
Pero las elecciones ya pasaron. Colombia y nosotros debemos seguir. Tenemos una responsabilidad. La vida no para; nuestras necesidades y nuestro progreso tampoco
El temor a arriesgar siempre existirá, pero puede minimizarse; y para hacerlo hay que estar enterados de lo que acontece alrededor, de los avances en los campos donde se desarrollan las actividades